SESIÓN 4
Agresores Sexuales.
TESORO DE LA SEMANA
Eclesiastés 4:12: «Uno solo puede ser vencido, dos pueden resistir. ¡La cuerda de tres hilos no se rompe fácilmente!», BAD.
En cada enseñanza consideraremos tres aspectos:
La revelación es el conocimiento espiritual de la Palabra de Dios; es decir, la comprensión que nos da el Espíritu Santo. Como consecuencia, la luz de Dios ilumina nuestra vida.
La instrucción es el entendimiento natural o intelectual que permite ajustar la voluntad a partir de aquella luz que se ha recibido por revelación para obedecerla. En otras palabras, la revelación percibida en nuestro espíritu se afianza en nuestra mente preparándonos para el cambio y la acción.
La aplicación es el conocimiento empírico; es decir, el que se adquiere al utilizar los nuevos conocimientos. Con este último paso honramos a Dios y revolucionamos el mundo visible e invisible con el poder del Señor impartido por su Palabra.
Revelación: Lecciones del dolor
Tiempo atrás, por la gracia de Dios, visitamos varias provincias argentinas que se yerguen orgullosas a los pies de la cordillera de los Andes repletas de viñedos que pueblan sus laderas y valles.
Cierta mañana y en medio de la simpleza de un viñedo, Dios nos dio la respuesta a oraciones que elevamos durante mucho tiempo. Oraciones surgidas desde el dolor más agudo.
Durante los últimos cuatro años, toda suerte de pruebas y calamidades se cernieron sobre nuestra familia, al punto de casi perder las esperanzas de un mejor amanecer.
El sufrimiento intenso, sostenido en el tiempo, sin pausa ni tregua, fue socavando lo más recóndito de nuestras fuerzas y de nuestra capacidad de superación. Todo sentimiento de paz y sosiego fue quitado. De día un lamento, de noche un infierno.
Aprendimos el poder del dolor. Es más fácil tolerar un gran dolor por escaso tiempo que por mucho tiempo. No solo la intensidad, sino la duración del dolor marcan una vida.
No parecía existir oración eficaz, consejero, pastor o profeta que pudiera darnos alguna ayuda.
La iglesia se unió en clamor por nosotros, otras iglesias se sumaron. Pero a pesar de todo, nuestro sol se convirtió en densa tiniebla y nuestro verdor en sequedad de verano. El que guía perdió la dirección. El que alienta quedó varado.
Volvamos a la viña. El resplandor del día intensificaba el verde profundo de las hojas y desnudaba uno que otro racimo que tímidamente aparecía entre las voluptuosas ramas. Nada chamuscado, nada opaco. Todo esplendor de vida.
Ese día el vitivinicultor fue la clave. Comenzó su serena charla con una pregunta: “¿Por qué es tan importante la cantidad de hojas que tiene una vid?”. Sin esperar respuesta de nuestra parte, él mismo contestó: “Porque dependiendo de la densidad de hojas, será el resultado de la uva. Si presenta muchas hojas habrá menor insolación del racimo y esto incidirá en el color, aroma y sanidad de la fruta; así como en la cantidad de azúcar que determinará el sabor y calidad final del vino. La verdadera esencia es el sol, por ello es tan importante la poda profusa”.
Hizo una pausa que permitió reflexionar en lo dicho. Luego, como intentando reafirmar el valor de sus palabras, agregó: “es la poda la que permite que los rayos de sol queden ‘atrapados’ en el fruto. El poeta Horacio Quiroga hablaba de los racimos como redondos milagros que atrapan soles. El sol, estimados invitados a nuestra viña, es la esencia; y la poda, el secreto del éxito”.
De repente, como un rayo atravesando nuestra mente recordamos a Jesús enseñando acerca de la vid verdadera y nosotros los pámpanos. Debíamos distinguirnos de la higuera que atrajo maldición por poseer un profuso follaje y ningún fruto.
Dios está interesado en que haya fruto en su viñedo, a la vez que se interesa por la calidad del mismo. Dios desea optimizarlo para su gloria. Él no se rige por proyecciones, imágenes o apariencias. “…Jehová no mira lo que mira el hombre, pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón”. No temamos el trato de Dios pues nos ama y su carácter es tierno y compasivo. Así lo expresa Santiago: “…lo que el Señor permite redunda siempre en bien, porque El es todo ternura y compasión”, Santiago 5:11b NT BAD.
Volvamos al viñedo. El viñatero prosiguió su explicación. “¿Cómo se cuida un viñedo? Están los básicos de riego, protección del granizo y las plagas, pero el que tiene una indescriptible relevancia para la salud de la planta y el resultado final de la cosecha es la poda.
La poda es distinta dependiendo de la edad del viñedo. El viñedo nuevo es más fácil de podar. No existen raíces demasiado grandes y el sol llega al fruto de forma adecuada; pero en el viñedo viejo, las cosas son muy diferentes.
La poda debe más profusa cuanto mayor sea el crecimiento de la planta. Por la gran cantidad de hojas que produce, la uva no recibe suficiente luz solar y esto restringe la calidad del fruto. En este caso, lo único que queda es hacer una poda fuerte, no usando tijeras sino serruchos. De este modo se limita fuertemente el número de yemas vegetativas asegurándose un mejor fruto. La poda, en definitiva, es uno de los manejos más importantes de nuestras viñas…”.
Ahora sí podíamos entender, Dios seguía interesado en nuestra vida y en la cosecha por venir. Los que fueron años de dolor podían transformarse en vida plena y exuberante, como el propio viñedo atestiguaba en su porte.
La poda parece cercenar la vida o limitar el progreso, cuando en realidad aumenta la capacidad productiva, eliminando lo espurio. Como en la uva queda atrapado el sol, así desea Dios que en nuestra vida pueda verse a Jesucristo, verdadero Sol de Justicia, como sello indeleble en todo lo que hacemos.
Amado hermano/a, no desesperes, no te rindas en medio del dolor y no aceptes palabras negativas. No, terminantemente no. Las aflicciones del justo son un medio de purificación para la vida y el servicio. El conocimiento de uno mismo y de sus vulnerabilidades es el mejor preludio para una existencia más fructífera. Vuélvete de todo corazón al Señor en sumisión y confianza. Hónralo con tu fe y mantén tu esperanza puesta solo en Él. Dios es todo ternura y compasión, tenlo siempre presente.
Instrucción
No ignoramos que en la presente sesión se ha abordado el tema de los agresores sexuales. De ahí que muchas emociones negativas pueden aflorar en tu vida, sobre todo si has sido víctima de abuso en el pasado.
Y si estás tomando este curso en un tiempo de dificultades personales puede que te resulte demasiado abrumador enfrentar tus experiencias actuales, y a la vez, traer a la memoria recuerdos dolorosos del pasado.
También estamos conscientes de que no todos los alumnos han sido víctimas de abuso pero queremos que, independientemente de lo vivido, estas estrategias te sirvan para ayudar a otros.
No es nuestra intención aumentar tu malestar, ¡al contrario! Queremos mostrarte que este tiempo de aparente ‘invierno’ puede ser el preludio de tu mejor época, si permites que todo lo espurio sea quitado y se exprese sobre cada área de tu vida el señorío real y completo de Jesucristo.
La ira o el rencor que no dominas y muchas veces te lleva a reaccionar mal con otros, el dolor emocional que se manifiesta físicamente, el insomnio o pesadillas así como cualquier otro síntoma que implica pérdida del bienestar representan la posibilidad para que te rindas más al Señor y permitas que trabaje, tal como dice la Biblia que Él lo hace: “YO SOY la vid verdadera, mi Padre es el viñador. Si alguna rama no produce, la corta. En cambio, poda las que producen fruto para obtener aun mayores cosechas”, Juan 15:1-2 NT BAD.
Las personas con emociones dañadas son propensas a tomar decisiones erradas. «La capacidad para tomar decisiones está terriblemente degradada, y sin embargo no muestran el más mínimo deterioro en su cociente intelectual ni en ninguna capacidad cognitiva. A pesar de la inteligencia intacta, hacen elecciones desafortunadas en los negocios y en su vida personal y pueden obsesionarse permanentemente por una decisión tan sencilla como cuándo concretar una cita», Dr. Antonio Damasio.
Podrías ser una persona muy inteligente, con un coeficiente intelectual muy alto, y aun así tomar decisiones desastrosas a causa de tus emociones dañadas. Es que la inteligencia académica tiene poco que ver con la vida emocional. «Las personas más brillantes pueden hundirse en los peligros de las pasiones desenfrenadas y de los impulsos incontrolables; personas inteligentes pueden ser pilotos increíblemente malos de su vida privada», Daniel Goleman.
No queremos que sucumbas frente al dolor sino que renuncies al mismo y rechaces la mentalidad de víctima. Joyce Meyer dice: «Nuestro pasado puede explicar por qué estamos sufriendo, pero no podemos usarlo como excusa para permanecer atados. Nadie tiene excusas, porque Jesús siempre está listo para cumplir su promesa de liberar a los cautivos, Lucas 4:18-19».
Aplicación
¿Por qué no logro superar el trauma del pasado?
Existen cuatro razones básicas que impiden superar el trauma, en caso de abuso sexual:
La ambivalencia en las emociones: la persona abusada tiene sentimientos ambiguos y contradictorios que surgen, en la generalidad de los casos, debido a que el abusador se encuentra muy cerca de ella. La víctima, en cierto modo, lo aprecia por lo que representa: es el padre, padrastro, hermano, tío, primo, etc.; pero lo odia por lo que le hizo. Esa mezcla de emociones es suficiente para confundir a la mente más brillante y, por este motivo, muchos quedan estancados emocionalmente.
La culpa que le transfiere el abusador: la gran mayoría de los abusos son perpetrados por medio de la seducción y no de la fuerza. Como los menores son llevados a través del juego hacia una intimidad creciente que desemboca en abuso franco, el menor «participa» sin darse cuenta del peligro. Luego, cuando recuerda, se recrimina el haber sido presa fácil y se castiga una y otra vez, creyendo que algo que dijo o hizo fue el desencadenante del abuso. Se culpa por todo, sin percatarse de que no había manera de escapar y que no hizo nada que mereciera ese trato.
La percepción en el momento del abuso: es probable que, en vez de asco o dolor, la víctima haya percibido sensaciones agradables. La víctima oculta este hecho, cree que solo a ella le ha ocurrido o que tiene algo de anormal. Se hace todas las preguntas equivocadas: «¿por qué sentí ‘eso’? ¿Acaso soy tan pervertido como ‘ése’? ¿Tendré yo la culpa? ¿Seré homosexual?». Muchas personas creen que el placer es algo que solo sienten los adultos. Sin embargo, nacemos sexuados; creados para experimentar placer. Esto explica el porqué de muchos niños con conductas masturbatorias, simplemente porque les produce placer. Todo niño/a tiene la capacidad innata de sentir placer, pero no la madurez necesaria para discriminar actos o comportamientos sexuales.
Una de las llaves para la liberación completa radica en entender que la percepción en el momento del abuso no se relaciona con el abuso en sí. Muchas personas experimentan una culpa descomunal aún después de haber soltado perdón sobre sus victimarios. La razón: las sensaciones percibidas durante la experiencia. Al recordar el abuso, las víctimas interpretan el hecho de la siguiente manera: «Yo debería haber sentido asco, en cambio, no fue eso lo que sentí». «Si sentí placer, entonces, es mi culpa». «Merezco lo que me pasó». «Soy tan culpable como el abusador». Ignoran lo básico de la fisiología humana. No se dan cuenta de que fueron seducidas por alguien que, con astucia y malicia, se aprovechó de su inocencia. Ese placer no indica responsabilidad ni culpa de la víctima, ya que carecía de la madurez suficiente para ejercer con autonomía cualquier comportamiento sexual. Ministrar a la mente con este conocimiento ha liberado a innumerables víctimas aprisionadas durante años.
El sexo entre abusador y abusado: si el abuso fue perpetrado por alguien del otro sexo y, en el momento del hecho, la vivencia fue negativa, es probable que vea en todos los portadores de ese sexo una réplica de aquel abusador. En el caso de que el abusado haya sido del mismo sexo que el abusador y sintiera placer en el momento de la experiencia, es probable que interprete ese hecho en relación con su orientación sexual. Sentir placer en situaciones de abuso que involucren a personas del mismo sexo no demuestra homosexualidad, sino normalidad; por su parte, sentir aversión en un contexto de abuso con personas del otro sexo tampoco demuestra homosexualidad.
Beneficios del perdón
¿Qué significa perdonar?
Antes de contestar esta pregunta deberíamos dejar en claro lo que no es el perdón. Muchas personas no logran perdonar porque confunden su esencia o alcance.
- El perdón no significa comprender, justificar o excusar un mal comportamiento.
- El perdón no significa aceptar pasiva y resignadamente lo que te han hecho.
- El perdón no significa minimizar los hechos y hacer como que nada hubiera ocurrido.
- El perdón no significa ocultar el dolor, negarlo o aparentar un bienestar que no se siente.
- El perdón no significa restablecer una relación.
- El perdón no significa olvidar; nadie puede olvidar lo que ha vivido.
Ya sabemos lo que no es perdonar, veamos qué es perdonar:
- Perdonar es una elección unilateral.
Perdonar es liberar de tu corazón a la persona que te ha hecho daño, liberarla de la deuda que tiene contigo, independientemente de lo que haga. Marcos 11:26; Efesios 4:32; Lucas 17:3-4; Colosenses 3:13; Mateo 6:14. El perdón no anula tus derechos, la acción judicial ni las consecuencias que se deriven de ella, sino que te libera para que no sigas aferrado/a al dolor y tu victimario continúe dañándote. - Perdonar implica cancelar una deuda.
Perdonar significa que nunca obtendrás de esa persona lo que te debe. Renuncias a la venganza y, por tu parte, la cuenta está anulada, Colosenses 2:13-14. El victimario no puede devolverte lo que te ha quitado y no tiene juicio intentar tu vindicación con él. Recuerda que el perdón no significa inacción. La denuncia y el ejercicio de tus derechos sigue de tu lado pero, por el perdón, tu postura interior ha cambiado. - Perdonar no es un sentimiento sino una decisión.
El Padre Nuestro dice: “Perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores”. Las relaciones interpersonales no son administradas por Dios. Puedes perdonar o no hacerlo, pero no puedes detener las consecuencias de tu elección. La falta de perdón irremisiblemente lleva a la pérdida de la paz interior y eso se manifiesta en el cuerpo y en el alma. Esa falta de paz crea un estado anímico negativo que influye sobre el cuerpo, de tal modo que surge la tendencia a enfermarse. El odio seca la vitalidad. Dios es sabio y porque nos ama nos invita a perdonar. Evita los males sobre tu vida. Otorga perdón para que al abrir la cárcel de tu corazón quedes libre tú mismo.
¿Debo perdonar?
Existen muchas ventajas en el perdón. Entre ellas podemos destacar:
- Otorga libertad.
¿Sabías que la ira crónica, el odio y el resentimiento son tan dañinos para el cuerpo como el sobrepeso, el tabaquismo, la obesidad y las dietas de alto contenido en grasas? «La evidencia médica es clara y creciente. No es una exageración afirmar que la amargura es una droga peligrosa en cualquier dosis y que tu salud está en riesgo si, neciamente, persistes en no perdonar», L. Strobel. Por donde lo mires, la falta de perdón es un mal negocio. - Asegura el perdón de Dios.
“Porque si perdonan a otros sus ofensas, también los perdonará a ustedes su Padre celestial. Pero si no perdonan a otros sus ofensas, tampoco su Padre les perdonará a ustedes las suyas”, Mateo 6:14-15; Mateo 6:11-12. Lee Strobel dice: «La gente no puede estar conectada estrechamente con Dios, experimentar el favor que fluye gratuitamente a su vida, o tener una relación óptima con Él, y al mismo tiempo dejar de perdonar a otros… Después de todo, piensa en lo que hacen quienes actúan así: trivializan el sufrimiento que Jesús soportó para otorgarles su perdón».
¿Cómo perdonar?
- Toma la decisión y hazlo pronto.
Cuanto más tardes, más difícil te resultará. - Ora.
«Ésta es la demanda suprema», dijo Dietrich Bonhoeffer. «Por medio de la oración vamos a nuestro enemigo, nos ponemos de pie a su lado y rogamos a Dios por él». Si dedicas un tiempo prolongado a orar por la persona que te ha hecho daño, tu actitud hacia ella cambiará. - Bendice.
“A quienes los insulten, respóndanles con buenas palabras. Si alguien los rechaza, oren por esa persona”, Lucas 6:28. No guardes rencor y no acaricies la herida. La mejor manera de evitar que el dolor te paralice es quitándole el poder de seguir dañándote. El perdón es el remedio.
Por último reflexiona en la siguiente declaración:
«El precio que se paga por perdonar es siempre menor al que se paga por no perdonar», Paul Meyer.