TESORO DE LA SEMANA

Eclesiastés 4:12: «Uno solo puede ser vencido, dos pueden resistir. ¡La cuerda de tres hilos no se rompe fácilmente!», BAD.

En cada enseñanza consideraremos tres aspectos:

La revelación es el conocimiento espiritual de la Palabra de Dios; es decir, la comprensión que nos da el Espíritu Santo. Como consecuencia, la luz de Dios ilumina nuestra vida.

La instrucción es el entendimiento natural o intelectual que permite ajustar la voluntad a partir de aquella luz que se ha recibido por revelación para obedecerla. En otras palabras, la revelación percibida en nuestro espíritu se afianza en nuestra mente preparándonos para el cambio y la acción.

La aplicación es el conocimiento empírico; es decir, el que se adquiere al utilizar los nuevos conocimientos. Con este último paso honramos a Dios y revolucionamos el mundo visible e invisible con el poder del Señor impartido por su Palabra.

Revelación: De eso no se habla, en eso no se invierte

La sociedad no está verdaderamente interesada en los niños, al menos en que se desarrollen con la identidad de hijos de Dios. La iglesia, por su parte, hace muy poco.

Mientras la ideología de género trata de destruir la civilización cristiana fundamentada en la concepción del ser humano como varón y mujer por un lado; por el otro la desintegración familiar y el deterioro de los valores morales han producido una generación de niños huérfanos a la idea de paternidad-maternidad bíblica.

En medio del caos la iglesia permanece apática y sin suplir esas falencias. Basta con recorrer muchas congregaciones para darse cuenta que los ministerios dedicados a la niñez no dejan de ser simples guarderías, diseñadas para entretener los niños mientras los adultos disfrutan de las reuniones o diversas actividades en el templo. No existe un compromiso profundo para transformar la vida de los más pequeños y tampoco un presupuesto que acompañe dicho objetivo.

Cuando las iglesias establecen sus prioridades, los niños, por lo general, son lo último de la lista. Por supuesto que nos rasgamos las vestiduras hablando desde el púlpito contra una sociedad resquebrajada alejándose cada vez más de los principios bíblicos, pero al decir de Esteban Strang: “¿Cuántos están tomando la iniciativa de ofrecer soluciones? No muchos. Más importante aún: ¿Quiénes están dispuestos a pagar el precio de salvar a una generación en peligro? Muy pocos”.
Unicef ha dicho que 1 de cada 3 niños será abusado sexualmente antes de completar su desarrollo puberal. ¿Qué familia extendida no tiene más de tres niños? La cuestión ya no es sí sucederá, sino a quién le tocará. El mito más grande relacionado con este flagelo es creer que a nuestra familia nunca le ocurrirá. A menos que haya un fuerte compromiso de invertir en los más pequeños, este flagelo se seguirá llevando el futuro de miles y miles de niños alrededor del mundo y aun entre las personas conocidas o cercanas. ¡Debemos comenzar ya con el trabajo de discipulado y prevención!

Otro tanto ocurre con la evangelización. Si queremos ver transformadas las próximas generaciones comencemos hoy inculcando valores y principios en los más pequeños. ¡Ellos necesitan ser evangelizados!

Cuando una persona completa su adolescencia es muy tarde para inculcar principios rectores que lo libren de malas decisiones. Ya su vida estará determinada en muchos aspectos por todo lo que se ha sembrado desde la niñez.

Con esta afirmación no queremos ser negativos, sino despertar la conciencia en cuanto al trabajo que nos compete como padres y formadores cristianos.

El 85% de los convertidos que verdaderamente seguirán a Cristo surge de edades comprendidas entre los 5 y 15 años. En misionología se conoce este rango etario como la ventana 4/14 (en relación a las edades). Este es el grupo demográfico más abierto, receptivo y moldeable a toda forma de influencia espiritual y de desarrollo. Por tanto, velemos hoy para no lamentarnos mañana. Así como la medicina preventiva es más importante que la curativa, la evangelización es más efectiva que la ministración personal luego que el pecado ha descargado su artillería.

Invertir en un niño es invertir en generaciones

Conocimos la historia de un niño cuyos padres se divorciaron siendo él muy pequeño. Su papá murió de un infarto poco después y su mamá se refugió en la bebida haciéndose alcohólica. Cada noche, después de pasar por el bar, ella llegaba a la casa con un compañero diferente. Un día salieron a caminar juntos el hijo y su mamá y ella lo dejó sentado en una alcantarilla diciéndole: “Espérame aquí”. Fue la última vez que la vio. Su mamá nunca regresó. Lo dejó literalmente en la calle cuando apenas comenzaba su adolescencia. En ese lugar, sin amigos ni cobijo Dios envió un “ángel” llamado David Rudenis, un mecánico de profesión y diácono de una iglesia evangélica que comenzó a darle comida y a hablarle de Jesús. A los pocos días se ofreció a pagarle los 17 dólares que costaba la inscripción a un campamento que su iglesia estaba organizando.

Aquel niño asistió y aunque no recuerda quién predicó ni cuál fue el título del mensaje, esa noche caminó al frente del auditorio, se arrodilló en el altar y dijo: “Jesucristo, quiero que perdones mis pecados. Te entrego mi vida”. Se integró a la iglesia de su amigo Rudenis y, pocos meses después estaba en las calles no mendigando sino predicando. El pastor de la iglesia y su esposa lo dieron lugar en su casa. Vivió como un hijo más. Cuando llegó el momento de decidir qué carrera seguir pidió que lo inscribieran en el seminario teológico de la denominación y en su segundo año como alumno un pastor invitado predicó en la capilla diciendo: “Dios no está buscando personas con capacidad, sino con disponibilidad”. Sabía que le estaba hablando a él. Era la segunda ocasión que pasaba al altar y esta vez para dedicar su vida al servicio a Dios. Esa noche tomó un compromiso que honró desde ese día en adelante.

Tiempo después, una hermana ofrendó el dinero necesario para la compra de un pequeño autobús y él cada fin de semana traía a los niños del barrio para la escuela bíblica. Fue por los barrios ofreciendo en su viejo autobús un programa de títeres y juegos diseñados para los niños. El primer día tuvo 100 niños a quienes ofreció llevarlos los domingos al templo. Así comenzó el ministerio de autobuses de la iglesia. Los sábados los ocupaba para visitar los hogares de los niños; mientras que los domingos recorría las mismas rutas para llevarlos al templo. En su libro ¿De quién es este niño? dice: “Me dediqué a trabajar como si no hubiera otra oportunidad. De sol a sol, siete días a la semana, trabajaba a todo vapor con un solo objetivo en mente: llevarle el Evangelio a cuanto niño pudiera”.
¡Quién lo hubiera pensado! El exitoso ministerio del pastor Bill Wilson comenzó cuando un diácono movido por la compasión invirtió 17 dólares para enviarlo a un campamento de verano. La generosidad dio su fruto. El pastor Bill y su equipo visitan 20.000 niños por semana. ¡Un comienzo pequeño para un destino de gloria! ¡De sufrir el abandono a liderar un cambio para miles!

Tu inversión de tiempo, esfuerzo y dinero abrirá las puertas a la transformación de muchos niños sin futuro. ¡Cambiarás destinos con tu entrega!

Instrucción

Las razones por las que has comenzado este curso pueden ser muy diferentes a cualquiera de los otros alumnos, pero estamos seguros de que el sufrimiento ajeno no te resulta indiferente, ya sea porque has padecido el abuso en primera persona o porque has escuchado y palpado en dolor en otros.
Estamos seguros de que comprendes el amor de Dios hacia los niños, a la vez que dimensionas el fragor de la batalla espiritual que existe por sus vidas. Por todo esto queremos que no veas estas semanas como una etapa de mera formación intelectual, sino como el tiempo de Dios para muñirte de herramientas espirituales para hacer frente a uno de los ataques más grandes que el diablo intenta hacer sobre la niñez en su conjunto.

Mientras nosotros bregamos por el cuidado de los niños en sentido integral, este sistema mundo intenta destruir la inocencia espiritual, emocional y sexual, a la vez que alejarlos de la imagen de Dios en ellos.
La masificación del consumo de pornografía y la facilidad de acceso a la misma determina que no solo los adultos sino los niños accedan a distintas formas de sexualidad desprovistas de los valores inherentes que nos definen como sujetos responsables, a saber el amor, la lealtad y fidelidad, el compromiso personal, el respeto al otro, el sentido de pudor y la comprensión de lo que resulta bueno o malo en relación a las distintas conductas sexuales. Como nunca antes todo se ha confabulado para que la niñez pierda la inocencia e incluso ingrese a la vida sexual activa desde edades muy tempranas. Por lo que se avizora en el panorama, el abuso sexual en la niñez en vez de disminuir aumentará con la perversidad creciente de la sociedad.

Quizás no conseguiremos prevenir todas las situaciones de abusos e injusticias como quisiéramos, así como tampoco cambiar el rumbo que el mundo está tomando, alejándose de Dios y sus preceptos; pero sí podemos comprometernos con el Señor para guiar a cuantas más personas podamos a su presencia, tratando de brindar ayuda para aliviar los corazones afligidos. Mientras la iglesia permanezca en este mundo, el amor de Dios seguirá obrando a favor del ser humano.

¡Afírmate sobre tus pies! Quizás no siempre cuentes con todo lo que desearías entregar para ayudar a los otros, pero siempre contarás con los recursos espirituales si permaneces unido al Señor. Con ese poder lo malo será sanado y transformado en el motor capaz de provocar una reacción positiva que cambie el desempeño de esa vida en particular y así se transforme el hogar y la comunidad a la que esa persona pertenece.

Aplicación

¡Mantente de pie y lucha con armas espirituales! No abandones tu lugar secreto de oración ni un solo día porque corres mucho riesgo. No suprimas el ayuno ni las vigilias, ¡ellas te sostendrán en medio de las más grandes adversidades! No salgas a la vida para luchar con estrategias humanas porque esos resultados no serán eternos y ni siquiera impactarán en el mundo espiritual.
Pablo reconocía sus limitaciones. Por eso dijo: “Sí, es cierto, soy un hombre ordinario con sus correspondientes debilidades, pero nunca me valgo de planes ni métodos humanos para ganar mis batallas. Para destruir las fortalezas del mal, no empleo armas humanas, sino las invencibles armas del todopoderoso Dios”, 2ª Corintios 10:3-4, NT BAD.

Al abordar el tema del abuso sexual infantil o intervenir en una situación específica te toparás con muchas injusticias y poca conciencia social. Verás que los progenitores no siempre velan por el bien de los menores y que, a menudo, descreen del relato de su propio hijo/a, sobre todo si la persona inculpada de la agresión sexual pertenece a la familia o es cercana a la misma. Notarás que el proceso judicial muchas veces coadyuva en generar traumas, ya sea por la desprotección hacia la víctima, ya sea por la ineficacia en los procedimientos que coronan con impunidad al agresor.

Quizás te sientas embargado por la angustia o desmotivado frente a tanta maldad, pero antes de empezar con este curso queremos que sepas que cada pequeña intervención que hagas contribuirá a liberar una vida y cambiar el curso de la misma para bien.

La revictimización es sumamente frecuente. En otras palabras, un niño que ha sido abusado una vez tiende a serlo nuevamente. Tu intervención, tu ayuda, por mínima que sea, anulará ese círculo de frustración, humillación, temor y abuso. Mostrarás la compasión y el amor de Dios en todos los casos.
Muchas veces sentirás la tentación de responder con amargura; no lo hagas. Persevera haciendo el bien, persevera buscando a Dios, persevera ayudando de corazón. “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado”, Isaías 26:3. “Apártate del mal, y haz el bien; busca la paz, y síguela”, Salmo 34:14.

¡Te animamos a perseverar! Primero aplícate a terminar este curso, no lo abandones, no lo pospongas ni lo hagas solo por cumplir. Esta es una oportunidad de Dios para ayudar a otros de manera más eficaz. Notarás que la capacitación aguzará tus ojos para detectar indicadores que nadie ve, te perfeccionará en el ministerio cristiano dándote la capacidad de socorrer a las víctimas de malos tratos y distintas formas de abuso, a la vez que te permitirá responder al entorno con la asertividad propia que brinda el conocimiento específico del área muñido de una espiritualidad viva.
Recuerda que no eres juez, no eres fiscal y tampoco tienes el poder de policía, por tanto no podrás encarcelar ni sentenciar a nadie. Tampoco lo hagas en tu corazón, no te vayas endureciendo. Recuerda cuál es tu función. Tú eres embajador del amor de Dios y cuentas con el poder de la oración para sanar cada vida en Cristo Jesús.

Con toda probabilidad vivirás momentos en los que te parecerán que los resultados no compensan el arduo trabajo. Ayudar a un niño o a una persona adulta víctima de abuso en su niñez implica compromiso y no siempre se observan avances rápidos. Pero recuerda que no estás viendo todo el panorama, solo ese momento en particular. ¿Acaso puedes medir con precisión el impacto del amor de Dios a través de tu vida en una personita que ha sufrido el trauma del abuso, o de alguien que experimenta libertad y suelta la amargura retenida durante años? ¿Acaso puedes medir hasta dónde llegarán las bendiciones al romper con el poder del secreto, el ocultamiento y los patrones nefastos de conductas familiares?

Cuando te toque enfrentar situaciones que están más allá de tu capacidad para resolverlas y veas que tu fe es débil y quieras ‘tirar la toalla’, ¡no lo hagas! Aunque quedes pendiendo de un hilo, si continúas con tu corazón aferrado al Señor, ¡Dios intervendrá y tus oraciones serán contestadas!
Por último, queremos que veas tu accionar a la luz de la eternidad. Cuando te presentes para recibir la recompensa ante el Tribunal de Cristo en el día final, tus obras a favor de los niños, sin duda alguna, contarán. Jesús mismo dijo: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos”, Mateo 19:11.
Así como el tiempo más oscuro es el que precede a la aurora, el tiempo de maldad creciente presagia que Cristo pronto volverá. Emplea los recursos espirituales para pelear esta batalla épica por las futuras generaciones y permite que Dios luche por ti. Vislumbra por fe el final victorioso: Cristo vencerá y el mal será destruido. ¡Manos a la obra, muchos niños te necesitan!

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