DIA 2 – La Oración: nuestra arma de guerra

Lo que queremos lograr en este día

  • Comprender que la oración es nuestra arma espiritual más poderosa.
  • Identificar las características de una oración efectiva.
  • Aprender a orar de manera específica, atrevida y perseverante.
  • Reconocer la importancia del arrepentimiento y la gratitud en la oración.
  • Practicar una oración intensa y alineada con la voluntad de Dios.

TEXTO CLAVE:

“Para destruir las fortalezas del mal… empleo… las invencibles armas del todopoderoso Dios”, 2ª Corintios 10:4 (NT-BAD).

REFLEXIÓN

📝 Te sugerimos buscar en tu biblia los diferentes versículos citados. Puedes anotar tus pensamientos y lo que Dios te revele en un cuaderno personal.

La oración es, para el cristiano, el recurso más infalible en cualquier caso y en cualquier apuro. Eso sí, la oración es un arma eficaz siempre que no esté fuera de servicio. La oración no tiene límites si se la usa.

Ya que está escrito que la oración llega al cielo: “… Su oración llegó hasta la santa morada de Dios en el cielo” (2º Crónicas 30:27, LPD), no aceptes que el diablo rompa tu confianza en la promesa de Dios. Recuérdale lo que está escrito. No existe oración que el diablo tema más que la oración que dice: “escrito está”.

Por otra parte, recuerda que ¡Dios no hace nada si no es en respuesta a la oración!

Alguien describió la pobre cosecha de una iglesia sin oración diciendo: ¡en Hechos 2, oraron durante diez días, Pedro predicó diez minutos y fueron salvas tres mil personas. ¡Hoy en día, la iglesia ora diez minutos, predica diez días, y son salvadas tres!

¿Estás usando la poderosa e indestructible arma de la oración con efectividad? En los momentos de mayor necesidad, ¿a quién acudes en busca de ayuda?

Dios dijo: “… Los que confían en mí no será defraudados”, Isaías 49:23 (PDT). “Por cuanto en mí ha puesto su amor… me invocará, y yo le responderé…”, Salmo 91:14-15.

La oración mueve la mano que mueve el mundo; sin embargo, son pocos los que la usan con efectividad. Pablo, un experimentado y veterano de guerra, nunca perdió una batalla contra las fuerzas del mal porque practicaba los secretos de la oración efectiva.

He aquí algunos de ellos:

Cuando la oración es específica recibe respuestas concretas.

¡La respuesta a la oración depende de su especificidad! Si dejamos que el agua fluya libremente su energía se disipa produciendo un pantano, pero si la encauzamos producirá la fuerza suficiente para mover un molino o generar electricidad.

Los primeros cristianos fueron muy específicos en sus oraciones: “Dios … ayúdanos a no tener miedo de hablar de ti ante nadie”, Hechos 4:29 (TLA). Y, “a partir de ese momento, todos hablaban sin temor acerca de Jesús”, Hechos 4:31 (TLA).

¿Tus oraciones no reciben respuesta? Quizás seas muy ambiguo en tus peticiones. “Invocó Jabes al Dios de Israel… Y le otorgó Dios lo que pidió”, 1º Crónicas 4:10.

Cuando Bartimeo pidió misericordia no recibió respuesta, pero cuando dijo: “quiero ver” (Marcos 10:51), Jesús le devolvió la vista. Ana pidió un hijo y lo recibió, 1ª Samuel 1. Josué pidió que el sol se detuviera y “el sol se detuvo”, Josué 10:13.

Si le pedimos al Señor que nos bendiga, Él nos preguntará: “¿qué quieres exactamente que haga por ti?”.

👉 Cuando somos claros y puntuales en nuestras peticiones, demostramos fe concreta. ¡Si somos específicos en pedir, Dios será específico en responder!

La oración atrevida demuestra fe en Dios.

Una oración ‘decorosa’ y ‘decente’ deshonra a Dios. Nuestras oraciones son el resultado de nuestra fe. Si creemos en el gran poder de Dios y en su deseo de bendecirnos haremos oraciones intrépidas que permitan el cumplimiento de sus propósitos y el avance de su reino.

¡Cuántas bendiciones no reclamadas el Señor desea darnos! “¡Cuánto quisiera que mi pueblo me escuchara… ¡En muy poco tiempo derrotaría yo a sus enemigos y los aplastaría con mi poder!”, Salmo 81:13-14 (DA, TLA).

Una fe atrevida abre los cielos y deleita el corazón de Dios. Jesús mismo nos enseñó a ser osados en nuestras peticiones cuando contó la parábola de Lucas 11.

Un hombre golpeaba las puertas de su amigo a medianoche para pedirle pan: “Amigo, préstame tres panes… porque ha venido a mi casa un amigo”, Lucas 11:5 (RV60, BDA2010). Y, ¿cuál fue la respuesta? “No me molestes… mi familia y yo estamos acostados…”, Lucas 11:7 (NTV).

Al principio fue rechazado, pero al final obtuvo lo que pidió. ¿Y cuál fue la clave? La insistencia: “Os digo que, aunque no se levante a dárselos por ser su amigo, sin embargo, por su descarada insistencia…… impertinencia (BAD)… imprudencia (Jünemann)… se levantará y le dará lo que necesite”, Lucas 11:8 (NT-Recobro).

Fue atrevido por la hora en que hizo la petición: a medianoche.

Fue audaz por la medida de la petición: tres panes. Los panes orientales eran grandes y uno le hubiera bastado; sin embargo, por su atrevimiento obtuvo lo que pidió.

Y finalmente fue osado porque pidió hasta recibir.

Jesús tuvo mucho cuidado en señalar que el hombre no le dio los panes por la amistad entre ambos sino, por la insistencia con la que solicitó el favor.

👉 La fe valiente honra a Dios. Orar con atrevimiento abre los cielos y nos posiciona para recibir lo que Él ya desea darnos.

La oración perseverante nos hace esperar en medio de los silencios de Dios.

La resistencia a la oración es tan intensa y la tentación a desfallecer es tan grande que el Señor “les contó una historia a sus discípulos para mostrarles que siempre debían orar y nunca darse por vencidos”, Lucas 18:1 (NTV).

La parábola cuenta la historia de una viuda que insistentemente le pedía justicia a un juez injusto. ¿Qué argumentos prevalecieron para que recibiera justicia? Ninguno. El secreto fue la insistencia.

El juez dijo: “¡Me ocuparé de que reciba justicia, porque me está agotando con sus constantes peticiones!”, Lucas 18:5 (NTV). Si las súplicas constantes pudieron ‘ablandar’ a un juez sin compasión, cuanto más Dios será movido por las peticiones incesantes de sus amados hijos.

“La súplica del justo tiene mucho poder con tal de que sea perseverante”, Santiago 5:16 (BLA); Hebreos 10:36.

Se dice que Dios no llega tarde, pero a menudo, tampoco llega temprano. Con demasiada frecuencia Dios se tarda en contestar nuestras oraciones, pero su propósito es probar nuestra fe como en el caso de la mujer sirofenicia. Aunque pedía a gritos por su hija endemoniada “Jesús… no le contestaba… ni una palabra”, Mateo 15:23 (NTV, N-C).

Finalmente, y después de tanto insistir, la mujer reveló su gran fe y obtuvo el milagro: “Apreciada mujer, le dijo Jesús, tu fe es grande. Se te concede lo que pides. Y al instante la hija se sanó”, Mateo 15:28 (NTV).

En otra oportunidad “cuando (Jesús) oyó que (Lázaro) estaba enfermo, ¿se quedó dos días más en el lugar donde estaba?”, Juan 11:6.

No confundas silencio de Dios con negación. La prolongada demora de Dios en contestar nuestras oraciones suele ser el medio más efectivo para fortalecer la fe.

No permitas que Satanás sacuda tu confianza en el Dios de la verdad señalando tus oraciones sin respuestas. Las oraciones demoradas no son desoídas.

El tiempo de Dios para traer la bendición es el más apropiado. El día en que el silencio de Dios sea la respuesta a tu oración, sabrás entonces que tu pie ha sido puesto en el primer escalón de la fe. El secreto de la victoria está en la oración perseverante.

👉 La insistencia vence la resistencia. Aunque Dios guarde silencio, la perseverancia fortalece nuestra fe y nos conduce a la victoria.

La oración nos conduce al conocimiento de la voluntad de Dios.

“Jesús… se arrodilló hasta tocar el suelo con la frente, y oró a Dios”, Mateo 26:39 (TLA).

Jesús oró tantas veces como fuera necesario para conocer la voluntad del Padre. Cuando ingresó al Getsemaní ‘la copa’ parecía ser algo dudoso, pero cuando se salió del huerto estaba convencido acerca de la voluntad de Dios.

Al ingresar dijo: “Si es posible pasa de mí esta copa”, Mateo 26:39. Luego, cuando Pedro le cortó la oreja al siervo del sumo sacerdote, él dijo. “Mete tu espada en la vaina; la copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber?”, Juan 18:11.

Jesús no se rindió hasta que encontró la respuesta. Pablo oró tres veces pidiéndole a Dios que le quitara la espina en su carne hasta que finalmente Dios le mostró su voluntad, 2ª Corintios 12:9.

 No podemos orar algunas veces y darnos por vencido. La prisa no debe ocupar ningún lugar ni en la fe ni en la oración. La fe soporta el tiempo.

Jesús y Pablo tuvieron que orar tres veces para encontrar una respuesta. Quizás tú tengas que orar aún más. La clave es perseverar. No debes abandonar.

¿Eres de los que se rinden demasiado pronto cuando Dios no contesta las oraciones? Ora todo el tiempo que necesites hasta que encuentres su voluntad.

¡Ora fuertemente, una oración que no mueve el corazón del que ora no puede mover el corazón de Dios!

👉 Orar no es solo pedir, es alinearnos. La oración persistente nos lleva a entender y aceptar la voluntad perfecta del Padre.

La oración de gratitud es un perfume agradable para Dios.

“Recurran a la oración… acompañada de acción de gracias…”, Filipenses 4:6 (LPD).

 La oración de gratitud libera el poder espiritual suficiente para desbaratar las obras del mal.

“¡Bendito sea Dios, que no ha rechazado mi súplica ni me ha retirado su amor!”, Salmo 66:20 (BDA2010). El salmista está agradecido porque Dios ha escuchado su oración.

¿Somos así de agradecidos por los favores que recibimos a diario sin merecerlos?

Dios sigue siendo fiel aun cuando somos indiferente a su bondad y nuestras oraciones son débiles y escasas. La tendencia es a aflojar en las oraciones a menos que estemos en apuro o las penas aumenten.

Solemos acudir a Dios cuando la tormenta arrecia, pero descuidamos la oración cuando el sol sale y la vida nos sonríe.

El Salmo nos recuerda que la oración fue escuchada porque David se arrepintió de sus pecados. Cuidado con acercarnos a Dios con las manos abiertas pero el corazón cerrado. Cuando no hay señal de arrepentimiento Dios no contesta nuestras oraciones. “Si no hubiera confesado el pecado de mi corazón, mi Señor no me habría escuchado”, Salmo 66:18 (NTV).

Si nos negamos a arrepentirnos y confesar nuestros pecados Dios se negará a escucharnos y bendecirnos. “Quien encubre su pecado jamás prospera; quien lo confiesa y lo deja, halla perdón”, Proverbios 28:13 (NTV).

El pecado aleja a Dios, pero la confesión y la restitución restauran el compañerismo con el Señor. “… Si mi pueblo se humilla, y ora y me busca, y… abandona su mala conducta, yo escucharé en el cielo su oración, perdonaré sus pecados y los haré prosperar de nuevo”, 2º Crónicas 7:12-14 (TLA).

 ¡Seamos sinceros en admitir, confesar y abandonar el pecado; cuanto más rápido lo hagamos más rápido vendrá la bendición de Dios!

👉 Un corazón agradecido y arrepentido mantiene abierta la comunión con Dios. La confesión restaura y la gratitud libera bendición.

La oración más importante no es la más larga, sino la más intensa.

El fariseo recitó una extensa oración mientras que el publicano dijo solo seis palabras golpeándose el pecho: “Dios, sé propicio a mí, pecador”, Lucas 18:13. La oración de éste llegó primero, la del otro nunca fue escuchada.

Nuestras oraciones tienen que ser echas con el corazón. La oración tibia es lo mismo que el fuego tibio, es esencial que esté al rojo vivo. Quienes no suplican con fervor, no suplican en absoluto. Las oraciones frías piden al Señor que no las escuche.

Mientras se hundía en las profundas aguas de la incredulidad Pedro hizo una oración aún más corta que la del publicano, pero igualmente efectiva: “¡Señor, sálvame!”, Mateo 14:30.

Dios escucha el clamor desesperado. En nuestras horas de tribulación nos sentimos impulsados a la oración, al lugar de Su Presencia en busca de la ayuda del Todopoderoso.

Cuando se desata la tormenta el creyente se abre paso a toda vela al lugar de refugio. Y en esos casos las oraciones cortas sus suficientes.

Nuestras urgencias son oportunidades para que Dios despliegue todo su poder. ¿Por qué esperar a último momento para mirar al cielo? Aun así, Dios compensa nuestra demora y extiende misericordia.

Las tácticas de la batalla cristiana nacen de la estrategia de la oración; si la iglesia de hoy ha de triunfar, debe encontrar su poder de rodillas.

¿Estás sumergido en las aguas turbulentas de la dificultad? Acude al trono de la gracia. Consigue su poderosa ayuda y todo irá bien. Cuando ya no puedas, Jesús todo lo puede.

👉 No importa la extensión, sino la pasión. Una oración que nace del corazón y clama con fervor tiene poder para mover el cielo.

👉 La oración es nuestra estrategia de guerra espiritual: específica, atrevida, perseverante, alineada a la voluntad de Dios, acompañada de gratitud y encendida con intensidad.

Preguntas para pensar y actuar

📝 Te sugerimos anotar tus pensamientos en un cuaderno personal.

  • ¿Por qué es importante que la oración sea específica?
  • ¿Qué diferencia hay entre una oración atrevida y una oración decorosa, y entre una oración larga y una oración intensa?
  • ¿Cómo nos ayuda la oración a conocer la voluntad de Dios?
  • ¿Qué papel cumple la gratitud en la vida de oración?
  • ¿Tus oraciones son específicas o ambiguas?
  • ¿Te rindes fácilmente cuando Dios guarda silencio?
  • ¿Hay pecado no confesado que pueda estar afectando tu comunión con Dios?
  • ¿Tu vida de oración es constante o depende de las crisis?
  • ¿Qué acción concreta tomarás para fortalecer tu disciplina de oración?
  • ¿Cómo puedes transformar una preocupación actual en una oración intensa?

DINÁMICA SUGERIDA

Mi estrategia de guerra espiritual.

Materiales Necesarios

  • Tu cuaderno de notas. 📖
  • Lapicera. 🖊️
  • Biblia. 📘

Desarrollo

1. Escribe una o más “fortalezas” que necesitas derribar.

2. Luego, debajo de cada una, vuelve a escribirla transformándola en una oración:

Específica. 🎯

Atrevida. 🔥

Perseverante. ⏳

Con gratitud. 🌸

Intensa. 🔥

3. Repite los siguientes versículos tratando de memorizarlos (puedes escribirlos en trozos de papel y colocarlos en algún lugar visible en tu casa):

“Para destruir las fortalezas del mal… empleo… las invencibles armas del todopoderoso Dios”, 2ª Corintios 10:4 (NT-BAD).

“Recurran a la oración… acompañada de acción de gracias…”, Filipenses 4:6 (LPD).

“La súplica del justo tiene mucho poder con tal de que sea perseverante”, Santiago 5:16 (BLA); Hebreos 10:36.

Cierre

4. Finaliza declarando: “ESCRITO ESTÁ”.

DESAFÍO PARA ESTE DÍA

  • Planifica momentos de oración y no los suspendas, sin importar las circunstancias: La oración no es una opción; es nuestra arma de guerra.
  • Considera: No es cuestión de duración, sino de intensidad. No es cuestión de emoción pasajera, sino de convicción profunda.
  • Participa de tiempos de oración congregacional: Cuando la iglesia ora, el cielo responde. Cuando el creyente ora con fe, el infierno tiembla.
  • Reflexiona: Cuando tú ya no puedas, Jesús todo lo puede.

ORACIÓN

“Dios amado, entiendo que la oración es el arma espiritual más poderosa que nos dejaste para hablar contigo, y comprendo que tendré una respuesta del cielo cuando mi oración sea específica, atrevida, intensa, con gratitud y perseverante. Te pido perdón por las veces que oré de manera mecánica y sin reverencia, y reconozco que mis pecados interrumpen mi comunión contigo e impiden que mis oraciones tengan respuesta. Ruego que el Espíritu Santo me enseñe a acercarme a Ti con un corazón agradecido en primer lugar, y a orar por tus intereses antes que por los míos personales. Anhelo que me reveles cuál es Tu voluntad para mi vida cada día. Oro con fe, en el Nombre de Jesús, amén y amén”.

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