SEMANA 2
El valor de la verdadera purificación
DIA 4 – Los pecados del corazón
Parte I
Con el desarrollo de este tema no pretendemos abarcar o mencionar todos los pecados que existen en el corazón del ser humano, y mucho menos que al meditar en ellos, iglesias, líderes o pastores se sientan acusados o señalados por nosotros o por quienes se acercan a este curso.
Nuestro anhelo es que puedas bucear en tu corazón pensando que, si Dios permitió que accedas a este espacio, sin dudas es para que reflexionemos juntos acerca de los pecados que puedan estar presentes en tu corazón. Él quiere hablarte a ti personalmente, y desea que puedas disfrutar de una relación de amor con Él con un corazón totalmente limpio, sin nada que impida la manifestación de su gracia.
Entendemos que la práctica de las diferentes disciplinas espirituales es una tarea espiritual que requiere compromiso y santidad. El ayuno, la oración, las vigilias etc. serán sólo “huecas prácticas religiosas”, sin impacto espiritual, a menos que tengamos un corazón rendido y totalmente purificado, dócil al obrar de Dios.
Lo que queremos lograr en este día
- Comprender que Dios mira el corazón y no solo las acciones externas.
- Examinar los pecados del corazón que afectan la vida espiritual y el servicio a Dios.
- Responder con arrepentimiento y compromiso, decidiendo servir a Dios con un corazón recto.

TEXTOS CLAVE:
- “Aunque no se quitaron los santuarios paganos, el corazón de Asa se mantuvo totalmente fiel al SEÑOR durante toda su vida”, 1º Reyes 15:14 (NTV).
- “Amasias… hizo lo recto ante los ojos de Jehová, aunque no de perfecto corazón”, 2º Crónicas 25:1-2.

REFLEXIÓN
Te sugerimos buscar en tu biblia los diferentes versículos citados. Puedes anotar tus pensamientos y lo que Dios te revele en un cuaderno personal.
Para juzgar los ministerios de Asa y Amasias, el Espíritu Santo evaluó sus corazones.
¿Recuerdas la gran enseñanza que aprendió Samuel cuando fue enviado por Dios para ungir a David? Que Dios no se fija en las apariencias sino en el corazón, 1º Samuel 16:7 (TLA).
David también sabía esto, por eso le dijo a su hijo Salomón: “Te pido que siempre le sirvas (a Dios) con un corazón puro… porque el Señor siempre mira el corazón…”, 1º Crónicas 28:9 (PDT).
A pesar de algunas ligeras imperfecciones, el honor de Asa no fue mancillado y obtuvo buen testimonio de la boca de Dios. En cambio, Amasias no fue aprobado porque lo bueno que llevó a cabo lo hizo con un corazón torcido. La integridad de Asa lo respaldaba y cubría sus defectos, mientras que las buenas obras de Amasias no fueron aceptadas por la hipocresía de su corazón.
¡Qué serio es este asunto! Nuestras buenas obras solo serán estimadas por Dios si las hacemos con un corazón recto.
Entiéndase bien. No basta con hacer lo bueno, hay que hacerlo con la motivación correcta y el corazón derecho. Soslayamos los pecados del corazón como si fueran ofensas sin importancia, pero son tan graves que ponemos en riesgo la felicidad eterna.
Por ejemplo. Un ‘creyente’ rebelde es aquel que adora a Dios con sus labios mientras peca en su corazón.
Es el caso de Absalón. Fue a Hebrón para ofrecer un sacrificio al Señor, aunque interiormente preparaba la rebelión contra su propio padre: “Absalón le dijo al rey: -Permítame ir a Hebrón a ofrecer un sacrificio al SEÑOR… -Está bien -le dijo el rey-… Así que Absalón se fue a Hebrón. Pero mientras estaba allí, envió mensajeros secretos a todas las tribus de Israel para iniciar una rebelión contra el rey…”, 2º Samuel 15:7-10 (NTV).
Mientras Absalón se robaba el corazón de la gente manifestándoles devoción, engañaba a David alegando su amor por Dios. Adoraba a Dios, pero con un corazón rebelde.
¡Ay de aquellos que deshonran a Dios fingiendo honrarle!
Recordemos que Dios mira el corazón. ¿Qué diferencias notas entre hacer lo correcto y hacerlo con un corazón correcto?
Veamos algunos pecados del espíritu:
Incredulidad.
“…Amados hermanos, ¡cuidado! Asegúrense de que ninguno de ustedes tenga un corazón… incrédulo que los aleje del Dios vivo”, Hebreos 3:12 (NTV).
La incredulidad es el pecado del que menos conciencia tenemos y el último en ser vencido por el creyente.
La incredulidad lleva en sí castigo.
“El que crea en el Hijo de Dios no será condenado. Pero el que no cree ya ha sido condenado…”, Juan 3:18 (PDT).
“Creen por algún tiempo, y en el tiempo de la prueba se apartan”, Lucas 8:13.
“¿Existe algo demasiado difícil para el Señor?”, Génesis 18:14 (NTV).
“Para Dios todo es posible”, Mateo 19:26 (BLA).
La incredulidad fomenta otros pecados.
“No pudieron entrar por causa de su incredulidad”, Hebreos 3:18-19 (NVI).
“Ustedes solo creen en Dios si ven señales y milagros”, Juan 4:48 (TLA).
“Regresa a tu casa. Tu hijo vive…”, Juan 4:50 (TLA).
“…Asegúrense de que su fe sea solamente en Dios…”, Santiago 1:6 (NTV).
La incredulidad limita el poder de Dios.
“Por causa de la incredulidad de la gente no hizo allí muchos milagros”, Mateo 13:58 (NT-BAD).
“Oren por cualquier cosa, y si creen, la recibirán”, Marcos 11:24 (NT-BAD).
“El mensaje… no les fue de ningún provecho porque no lo creyeron”, Hebreos 4:2 (NT-BAD).
Lucas 1:11-20.
La incredulidad retrasa la promoción divina.
“Yo he rogado… para que tu fe no falle”, Lucas 22:32 (NTV).
“¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?”, Mateo 14:31 (NT-BAD).
“Ustedes no tienen la fe suficiente”, Mateo 17:19-20 (NTV) Lucas 9:28; Lucas 9:54.
“La fe viene por escuchar atentamente… la palabra de Dios”, Romanos 10:17 (NT Pesh).
La incredulidad no agrada a Dios.
“Si no confían en Él… Dios no estará contento con ellos”, Hebreos 10:38 (NT-BAD).
“Debemos confiar en Dios… No… dejen de confiar en Dios…”, Hebreos 6:1; 2:13; 3:12; 6:12 (TLA).
No hay nada que supere a la fe. No hay nada que alegre más el corazón de Dios. Y no hay nada que pueda beneficiarnos tanto como la fe en Dios y en sus promesas.
Envidia.
Nuestras buenas obras solo serán estimadas por Dios si las hacemos con un corazón recto. Por ejemplo, servir a Dios llenos de envidia pondría en serio riesgo su bendición.
Simón, el que había sido mago, tenía este problema. Después de su conversión apoyaba fielmente el ministerio de Felipe en la ciudad de Samaria. A pesar de ello su corazón no fue descubierto sino hasta el día en que vio a los apóstoles imponer las manos sobre las personas para que recibieran al Espíritu Santo.
Simón les ofreció dinero a cambio de ese poder y Pedro le contestó: “Que tu dinero perezca contigo… tu corazón no es recto ante Dios. Arrepiéntete de esta maldad y ora. Quizás Dios te perdone los malos pensamientos, porque veo que tienes el corazón lleno de envidia y de pecado’”, Hechos 8:20-23 (NT-BAD).
Simón parecía ser un creyente devoto; sin embargo, su corazón estaba envenenado por la envidia. Fue reprendido severamente y descalificado para el ministerio hasta tanto se arrepintiera de su pecado. ¡Qué grave es ante los ojos de Dios servir con un corazón oscuro!
Odio.
Entiéndase bien. No basta con hacer lo bueno, hay que hacerlo con la motivación correcta y el corazón derecho. Soslayamos los pecados del corazón como si fueran ofensas sin importancia, pero son tan graves que ponemos en riesgo la felicidad eterna.
Por ejemplo, el ‘creyente’ que odia demuestra no ser salvo:
- “Queridos hermanos… El que afirma que está en la luz, pero odia a su hermano, todavía está en la oscuridad”, 1ª Juan 2:7-9 (NVI).
- Juan afirma que el odio es la demostración de que una persona no tiene vida eterna aun cuando ella diga ser ‘cristiana’: “El que odia… es un asesino, y, como saben, ningún asesino tiene la vida eterna”, 1ª Juan 3:15 (BLA).
- Además, el odio embota nuestro discernimiento y sabiduría: “El que odia a su hermano vaga en oscuridad espiritual y no sabe a dónde va, porque en la oscuridad no puede ver el camino”, 1ª Juan 2:11 (NT-BAD).
Rebeldía.
Un ‘creyente’ rebelde es aquel que adora a Dios con sus labios mientras peca en su corazón. Es el caso de Absalón. Fue a Hebrón para ofrecer un sacrificio al Señor, aunque interiormente preparaba la rebelión contra su propio padre: “Absalón le dijo al rey: —Permítame ir a Hebrón a ofrecer un sacrificio al SEÑOR… —Está bien —le dijo el rey—… Así que Absalón se fue a Hebrón. Pero mientras estaba allí, envió mensajeros secretos a todas las tribus de Israel para iniciar una rebelión contra el rey…”, 2º Samuel 15:7-10 (NTV).
Mientras Absalón se robaba el corazón de la gente manifestándoles devoción, engañaba a David alegando su amor por Dios. Adoraba a Dios, pero con un corazón rebelde.
¡Ay de aquellos que deshonran a Dios fingiendo honrarle!
A lo largo de los años en el ministerio hemos visto muchas personas así. Creyentes que parecían tener un fervor especial por Dios sirviéndolo fielmente, escalando posiciones de autoridad y simulando lealtad a sus líderes mientras en sus corazones alimentaban una rebelión secreta con ellos.
¿Ha sido tu caso? ¿Provocaste o apoyaste la rebelión contra tus líderes espirituales? Representa una gran ofensa contra Dios.
Los medios de la gracia divina están disponibles para alcanzar misericordia y perdón, si arrepentidos reconocemos nuestra maldad y nos volvemos al Señor de todo corazón.
Enojo.
Analicemos otro pecado del corazón. Moisés perdió su bendición y no pudo entrar a la tierra prometida a causa de su enojo. El enojo lo llevó a matar a un egipcio, Éxodo 2:11-14, y también lo impulsó a golpear la roca cuando Dios le había dicho que le hablara, Números 20:8-12.
¡Aunque parezca increíble, el hombre al que Dios llamó el más manso de la tierra (Números 12:3) perdió su bendición debido al enojo!
Parece que el enojo era un problema familiar no resuelto. Su antepasado Leví (Éxodo 2:1) había tenido el mismo problema: “Simeón y Leví son como fieras que atacan siempre con violencia. No quiero estar con ellos, ni andar en su compañía, porque en un arranque de enojo mataron gente… ¡Maldita sea su furia!”, Génesis 49:5-7 (TLA).
Pecados generacionales del corazón.
¡Te das cuenta! Existe la tendencia a cometer los mismos pecados que cometieron nuestros padres y abuelos:
“Hemos pecado, lo mismo que nuestros padres…”, Salmo 106:6 (NVI).
“Abiam cometió los mismos pecados que había cometido su padre…”, 1º Reyes 15:3 (NTV).
Salomón pecó en el área de la sexualidad, al igual que su padre David.
¡Entiéndase bien! No insinuamos que el pecado de papá será el de su hijo. Lo que decimos es que necesitamos estar bien atentos para no ceder a los mismos pecados que arruinaron nuestra familia tiempo atrás y que podrían arruinarnos a nosotros hoy en día.
El enojo no debería perdurar más de un día: “…que la puesta del sol no los sorprenda en su enojo”, Efesios 4:26 (BNP).
Cuando el enojo se aloja por mucho tiempo en el corazón se transforma en resentimiento: “Si se enojan… no cometan el pecado de dar lugar al resentimiento…”, Efesios 4:26 (versión libre).
Jesús nos enseñó: “Tu Padre celestial te perdonará si perdonas a los que te hacen mal; pero si te niegas a perdonarlos, no te perdonará”, Mateo 6:14-15 (NT-BAD).
Pablo expresó: “No guarden rencor. Si el Señor los perdonó, están ustedes en el deber de perdonar”, Colosenses 3:13 (NT-BAD).
¡Cuidado!, porque al igual que Moisés existen creyentes que echan a perder sus vidas y ministerios a causa del enojo.
Hipocresía.
De todos los pecados del corazón uno de los peores es la hipocresía. La hipocresía es la mentira más grave de todas, porque se le miente a Dios mismo.
Pedro le dijo a Ananías: “Le estás mintiendo al Espíritu Santo…”, Hechos 5:3 (NT-BAD).
La hipocresía puede ser por simulación o disimulo. La simulación consiste en mostrar lo que se desea, en tanto que el disimulo oculta lo que no se quiere revelar.
Saúl quería parecer espiritual ocultando su pecado. Coré disimulaba su verdadero propósito. Ante el pueblo daba la impresión de estar interesado en el bienestar común cuando en realidad aspiraba al poder, Números 16:10.
El hipócrita esconde sus perversos deseos de todos, incluso pretende esconderlos de Dios.
Pero la Biblia nos advierte contra tal estupidez: “¡Qué mal les va a ir a los que tratan de esconderse para que Dios no los vea cuando hacen sus planes malvados! ¡Qué mal les va a ir a los que andan diciendo: “Nadie nos ve, ¡nadie se da cuenta!”, Isaías 29:15 (BLS). Más que la traición, al hipócrita le molesta que sus perversas intenciones sean de conocimiento público.
En Mateo 6, Jesús da ejemplos de hipocresía. Los hipócritas ofrendaban con el propósito de ser admirados (versículos 1-2); oraban para impresionar a los demás (v. 5) y se mostraban miserables cuando ayunaban para ser respetados por su sacrificio (v. 16).
Existen personas que “¡aman más el aplauso de los hombres que el aplauso de Dios!”
Juan 12:43 (NT-BAD). “…Se ponen a hacer buenas obras para… aparentar santidad…”, Mateo 23:5 (NT-BAD). “No les importa la honra que proviene del único que es Dios”, Juan 5:44 (NTV).
Jesús dijo que si nos comportamos de esta manera la única recompensa que tendremos será la admiración momentánea de los hombres.
Cuando Dios describe el pecado de David parece hacerlo por la hipocresía que supuso: “David se había comportado correctamente, y en toda su vida no desobedeció a Dios en nada. El único mal que David cometió fue cuando mandó que mataran a Urías”, 1º Reyes 15:5 (BLS).
“El único mal que David cometió”. ¿No cometió también otros pecados? ¿O es que el Espíritu de Dios los pasó por alto?
No, sino que todos ellos se funden en el pecado de la hipocresía. En este pecado David demostró menos integridad y mayor hipocresía que en cualquier otro.
La hipocresía hirió gravemente la integridad de David.
La herida fue grave y aunque no fue destruido le quedó una cicatriz como señal para nosotros del pecado que Dios más odia.
Nadie más que Dios se ocupó del pecado secreto de David. Dios ha dispuesto saldar cuentas con el hipócrita en persona. Colocó autoridades civiles para castigar a los ladrones y asesinos, pero solo Dios descubre y trata con los pecados espirituales de las personas que no quieren arrepentirse: “Yo seré quien le responda a todo israelita… al que haya hecho de su corazón un altar de ídolos malolientes… Me enfrentaré a él, y de él haré una señal de escarmiento, y lo arrancaré de mi pueblo…”, Ezequiel 14:7-8 (BAD).
Examinemos nuestra vida bajo la guía del Espíritu Santo.
Orgullo
“Nabucodonosor… dijo: “¡Qué grande es Babilonia! ¡Yo fui quien la hizo grande… para mostrar mi poder a todo el mundo!”…Estaba hablando… cuando se oyó una voz del cielo que dijo: “Nabucodonosor, a partir de este momento dejarás de ser rey… vivirás… entre los animales. Comerás hierba del campo… hasta que reconozcas que el Dios altísimo es el único rey de este mundo…’”, Daniel 4:28-32 (TLA).
El orgullo exalta al hombre y lo derriba.
El rey de Babilonia sufría de una enfermedad llamada orgullo. Y el orgullo fue la causa de su ruina. “Tras el orgullo viene el fracaso…”, Proverbios 16:18 (DHH).
Un pecado del espíritu le trajo como consecuencia una enfermedad física. El rey se volvió loco. Lo mismo le había sucedido al rey Saúl. Prefería vivir enfermo antes que soltar el orgullo de su corazón: “Samuel fue a ver a Saúl, pero… Saúl había salido… para hacerse un monumento en honor a sí mismo”, 1º Samuel 15:12 (PDT). Absalón tenía el mismo problema: “Mandó hacer en su honor un monumento…”, 2º Samuel 18:18 (BLS).
Al igual que Saúl y Absalón algunas personas prefieren perder el trabajo, ministerio, matrimonio y aun su propia vida antes que tratar con el orgullo de su corazón.
El orgullo conduce al juicio total.
¿No lo crees? Estudiemos entonces la vida del rey Belsasar. En sus ínfulas de poder y arrogancia tomó las copas del templo y bebió de ellas rindiéndole culto a sus dioses. Mientras lo hacía vio una mano humana que escribía sobre la pared del palacio.
Temblando de miedo hizo traer a los brujos, astrólogos y adivinos para que interpretaran el mensaje, pero ninguno pudo hacerlo.
Entonces trajeron a Daniel quien le dijo: “El Dios Altísimo dio a tu padre Nabucodonosor la realeza, el poder, la gloria y la majestad… Pero cuando su corazón se infló de orgullo… fue echado de su trono real y se le quitó la gloria… Eso duró hasta el día en que reconoció que el Dios Altísimo es el dueño de las realezas humanas… Pero tú Belsasar… no te has humillado siendo que sabías todo eso… por eso… Dios ha medido tu reino y le ha puesto fin… Esa misma noche… Belsasar fue asesinado”, Daniel 5:18-30 (BLA).
Belsasar debió haber aprendido del ejemplo de su padre quien vivió en el campo como un animal durante todo el tiempo en que protegió su orgulloso corazón.
Bien lo dice la Biblia: “El orgulloso termina en la vergüenza…”, Proverbios 11:2 (TLA).
La humildad restaura el favor de Dios.
En cuanto Nabucodonosor se deshizo de su orgullo recuperó el favor divino. No solo sanó de la locura, sino que recobró el reino y su grandeza: “Yo, Nabucodonosor… le di gracias al Dios altísimo… y lo alabé… Tan pronto como dije esto, sané de mi locura y recuperé la grandeza de mi reino… y llegué a ser más poderoso que antes”, Daniel 4:34-36 (TLA). Belsasar sabía todo esto y aun así perseveró en su orgullo para terminar en la ruina total.
¿Y qué haremos nosotros ahora que sabemos todas estas cosas? ¿Seguiremos las pisadas de Lucifer para terminar como Saúl, Absalón y Belsasar? ¿Seguiremos apadrinando el orgullo o lo llevaremos a juicio poniendo fin al indulto?
El orgullo acarrea disciplina.
Piensa bien tu decisión porque el orgullo acarrea juicio: “Dejen de ser tan orgullosos… pues el SEÑOR… juzgará sus acciones”, 1º Samuel 2:3 (NTV).
Hay quienes padecen enfermedades cuyo origen no es físico y cuya resolución no es médica. El origen de la depresión de Saúl era espiritual. De haberse arrepentido de su desobediencia hubiera sanado de su tormento. Pero no lo hizo. En su lugar pretendía remediar su problema utilizando la musicoterapia.
Un problema cuyo origen es espiritual tiene que ser resuelto con recursos espirituales. Dejemos de tratar las enfermedades como si todas fueran físicas. Busquemos la guía del Espíritu Santo y evaluemos nuestra vida para averiguar si la causa de alguno de nuestros males es espiritual.
Ningún orgulloso escapará.
Dios no disimula su enojo con los orgullosos: “…Yo aborrezco a la gente que es orgullosa y presumida…”, Proverbios 8:13 (TLA). “ El Señor odia… los ojos orgullosos…”, Proverbios 6:16-17 (PDT). “La mirada arrogante y el orgullo… son pecado”, Proverbios 21:4 (PDT).
Si Dios te ha dotado de ciertas capacidades especiales para edificar el cuerpo de Cristo dale toda la gloria a Él. Humíllate porque esos dones son regalos, gracia de Dios y no obra propia.
Pablo dijo: “No es que pensemos que estamos capacitados para hacer algo por nuestra propia cuenta. Nuestra aptitud proviene de Dios”, 2ª Corintios 3:5 (NTV).
A quién daremos la gloria?
Cuando oramos, predicamos, consolamos o aconsejamos, ¿lo hacemos para ser considerados ‘buenos’ o para bendecir a los demás?
¿Nos tenemos en alta estima espiritual? ¡Cuidado!. Muchos creyentes humildes tienen cuantiosos tesoros que ofrecernos si no somos demasiado orgullosos para recibir alimento espiritual de sus manos.
Lo único que nos defiende del orgullo es la humildad. Recordemos que luchamos contra espíritus del infierno cuya idea es levantarnos bien en alto para que tengamos una caída más fuerte.
Intentarán convencernos de que nuestros logros son fruto de nuestro propio esfuerzo y que merecemos el crédito por ellos. ¡Sabemos que no es así!
El orgullo devora nuestro espíritu de alabanza: cuando deberíamos bendecir a Dios, estamos aplaudiéndonos a nosotros mismos.
“Yo les digo a los orgullosos y a los perversos que dejen a un lado el orgullo”, Salmo 75:4 (PDT).
El Señor no recibe las ofrendas que provengan de corazones orgullosos; pero no rechazará ninguna ofrenda de manos humildes.
¿Levantaremos un monumento a nosotros mismos o lo haremos para honrar el nombre de Dios?
Mañana continuaremos reflexionando acerca de otros pecados del corazón, en el Día 5.

ORACIÓN
“Padre Santo, Señor Jesús, Espíritu Divino; me acerco a ti entendiendo que en mi vida hay pecados que impiden la manifestación de Tu obra en mi vida, en mi familia y en mi ministerio. Te ruego que me sigas revelando cuáles son esos pecados del espíritu que hacen que te alejes de mi vida. Ayúdame a permanecer fiel en la práctica de las diferentes disciplinas espirituales que me guiarán a seguir tus planes y tus propósitos cada día. Oro con fe, en el Nombre de Jesús, amén y amén”.