INTRODUCCIÓN
Disciplinas Espirituales
La rutina de un deportista
Amados, las disciplinas espirituales son medios, no fines en sí mismos. Pensemos en un deportista. El entrenamiento es su rutina de todos los días, se dedica a entrenar y no por ello recibe una medalla. ¡Se espera que haga justamente eso, si quiere competir y ganar!
Las disciplinas ejercidas por el entrenamiento lo preparan para competir y, eventualmente, alcanzar un premio.
Pablo dice que así debemos concebir nuestra vida cristiana: “Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre…”, 1ª Corintios 9:25-27, VRV.
😕¿Por qué muchos abandonan?
Porque sin disciplina espiritual no hay firmeza. Una fe sin entrenamiento produce cristianos débiles, fácilmente ofendidos, atraídos por el mundo y desconectados de la iglesia. No se vence lo espiritual sin armas espirituales.
Muchas personas que confiesan a Cristo como Salvador, a la primera de cambio vuelven al mundo. Dejan de asistir a la iglesia y de adorar al Señor junto a otros hermanos. Es más, comienzan a tirar piedras en contra de la iglesia, que es la novia del Señor Jesús. Alguien los criticó, los ignoró o defraudó y, sin pensarlo dos veces, ‘chau iglesia’. Y qué decir del amor al sistema mundo: “…nada de lo que hay en el mundo (los malos deseos del cuerpo, la codicia de los ojos y la arrogancia de la vida) proviene del Padre, sino del mundo”, 1ª Juan 2:16, Castilian.
No hay forma de vencer las tendencias al mal que están arraigadas en nosotros si no es por armas espirituales. Representan el entrenamiento para vencer en las batallas de todos los días.
Cuando hablamos de orar, reuniones de búsqueda, ayunos, vigilias, etc., todo se ve como un ‘sacrificio’. Es mejor que nos digan que Dios está pensando en cómo bendecirnos aunque nunca nos acordemos de él, que pasa por alto nuestros pecados aunque no pidamos perdón y que podemos vivir como queramos, total igual iremos al cielo. Iglesias llenas de cristianos fofos y débiles, que arman su propia religión antes que buscar al Señor. Tomemos en serio la intimidad con Dios. Tomemos con seriedad nuestro destino eterno.
“Mi corazón te ha oído decir: ‘Ven y conversa conmigo’. Y mi corazón responde: ‘Aquí vengo, Señor’” (Salmo 27:8)