TESORO DE LA SEMANA

Eclesiastés 4:12: «Uno solo puede ser vencido, dos pueden resistir. ¡La cuerda de tres hilos no se rompe fácilmente!», BAD.

En cada enseñanza consideraremos tres aspectos:

La revelación es el conocimiento espiritual de la Palabra de Dios; es decir, la comprensión que nos da el Espíritu Santo. Como consecuencia, la luz de Dios ilumina nuestra vida.

La instrucción es el entendimiento natural o intelectual que permite ajustar la voluntad a partir de aquella luz que se ha recibido por revelación para obedecerla. En otras palabras, la revelación percibida en nuestro espíritu se afianza en nuestra mente preparándonos para el cambio y la acción.

La aplicación es el conocimiento empírico; es decir, el que se adquiere al utilizar los nuevos conocimientos. Con este último paso honramos a Dios y revolucionamos el mundo visible e invisible con el poder del Señor impartido por su Palabra.

Revelación

La palabra que queremos compartirte en esta semana es importante en los procesos de sanidad.

Todos queremos que rápidamente se resuelvan las dificultades y cesen los molestias, pero son justamente ellas las que permiten que nuestra fe se afiance y crezca, que nuestra paz se manifieste y que todas las cosas malas de nuestro propio corazón (que no vemos en el día a día) queden expuestas por las circunstancias en la presencia del Señor.

Pídele al Espíritu Santo que te guíe en esta lectura. No serán tus palabras ni tu ayuda la que satisfará a las almas cansadas, sino el poder de Dios fluyendo a través de ti.

El cansancio, la ansiedad y toda manifestación de impaciencia en tu propia vida obstaculizan la búsqueda del rostro de Dios en quietud y dependencia. También atentan contra la espera en fe hasta ver los milagros del Señor. Pero, lo que Dios haga en forma directa y como resultado de tu comunión en el lugar secreto, será completo y eterno. Por ello es fundamental que experimentes de manera creciente el permanecer en su presencia y enseñes con tu propia experiencia los tesoros del lugar secreto.

Nunca permitas que tus pies vayan delante de tus zapatos
“Hermanos, tengan paciencia… Recuerden que el campesino espera con paciencia a que… la tierra produzca frutos. Ustedes también deben esperar con paciencia…”, Santiago 5:7-8 (PDT). “Yo estaré… esperando al Señor. Pacientemente esperaré en Dios mi Salvador; él me escuchará”, Miqueas 7:7 (PDT). “Tengan paciencia, dice el SEÑOR”, Sofonías 3:8 (NTV).

El desafío más grande que tenemos todos los creyentes es vivir en dependencia absoluta de Dios. Esperar en Dios es una virtud que trae enormes beneficios; en cambio, la impaciencia puede malograr los mejores planes del Señor para nuestras vidas. La Biblia dice: “Vale más la paciencia que el orgullo”, Eclesiastés 7:8 (NTV). La persona impaciente actúa sin haber recibido la orden para hacerlo. El ejemplo bíblico más claro es Saúl. El profeta Samuel le había dicho que descendiera a Gilgal y esperara allí hasta que él llegara. Tenía órdenes expresas de no salir a la guerra sin antes reunirse con el pueblo y esperar la dirección de Dios: “Me esperarás allí siete días y… te daré a conocer lo que tienes que hacer”, 1º Samuel 10:8 (BLA). ¡Saúl debía esperar la dirección del Señor en el lugar de la adoración! Se demanda lo mismo de nosotros: “Quédate quieto en la presencia del SEÑOR, y espera con paciencia a que él actúe”, Salmo 37:7 (NTV). ¡Quietos en el lugar de la adoración esperando la guía del Señor! El mensaje y el diseño que Dios tiene para cada uno de nosotros nos será entregado solo en el lugar secreto, esto es la carpa del encuentro. Sin embargo, carecemos de la paciencia suficiente para esperar el cumplimiento de esa promesa. La impaciencia es la hermana menor de la incredulidad, y ambas, enemigas de la fe. Al igual que Saúl le ponemos un límite de tiempo a Dios. En más o en menos Saúl debe haber dicho: “si el mensaje del Señor no llega en siete días, haré lo que crea conveniente para resolver el asunto”. Y así sucedió: “Saúl esperó a Samuel siete días… Pero al ver que… su ejército comenzaba a huir… Saúl mismo presentó las ofrendas”, 1º Samuel 13:8-9 (BLS). El gran pecado de Saúl fue la incredulidad. La impaciencia y la desobediencia demostraron su falta de fe. Saúl hizo algo bueno (ofreció sacrificios a Dios) pero con un corazón torcido. Samuel le había dicho que esperara las instrucciones del Señor antes de iniciar la guerra. Pero Saúl creyó que podía prescindir de ello. De haber creído que el consejo de Dios era indispensable hubiera esperado todo el tiempo que fuera necesario hasta que Dios le revelara el siguiente paso. Al ceder a la impaciencia Saúl actuó a espaldas de Dios y terminó haciendo algo que no le había pedido. Ese acto le costó el reinado.

Cuando esperamos pacientemente el cumplimiento de las promesas de Dios demostramos tener fe. Esperaremos todo el tiempo que sea necesario. ¿Dónde? En el lugar de la adoración. Dios le dijo a Moisés: “…Sube para encontrarte conmigo… Sube… y espérame…”, Éxodo 24:1 (NTV) y 12 (TLA). Moisés tenía una promesa, pero no sabía cuánto tiempo debía esperar en la cumbre del monte. La orden era permanecer en el lugar de la adoración todo el tiempo que fuera necesario hasta que Dios se revelara. Jesús les dijo a sus discípulos que recibirían el Espíritu Santo si esperaban en Jerusalén. Recibirían si esperaban. ¿Dónde? En el lugar de la adoración, esto es el aposento alto. Sin embargo, de los 500 a quienes Jesús les dio esta promesa solo 120 supieron esperar y solo ellos recibieron la llenura del Espíritu Santo. Como verás existen referencias escriturales de la importancia de orar con otros creyentes en el aposento alto. Aun cuando orar en casa y a solas sea vital, no sustituye la responsabilidad que tenemos de orar juntos en el templo. Recuerda que existen bendiciones que no llegarán a nuestra vida a menos que practiquemos la disciplina espiritual del aposento alto. Aquellos que, por ejemplo en nuestra iglesia, se dan cita a las seis de la mañana cada martes demuestran tener fe en que serán recompensados como prometió Jesús (Mateo 6), aunque no sepan cuánto tendrán que esperar: “…Aunque parezca tardar, espérala… puedo asegurarte que se cumplirá sin falta”, Habacuc 2:3 (BAD y BLS).

Instrucción

¿Cuál fue la razón de la demora de Samuel? ¡Probar la paciencia y la fe de Saúl! Dios hace lo mismo con nosotros. A menudo se demora en cumplir su promesa, pero es nuestro deber esperar su cumplimiento con paciencia: “Si deseamos algo que todavía no tenemos, debemos esperar con paciencia y confianza”, Romanos 8:25 (NTV). “Perseverar con paciencia es lo que necesitan ahora… entonces recibirán todo lo que él ha prometido”, Hebreos 10:36 (NTV). Dios le prometió un hijo a Abraham, pero debió esperar muchos años antes de ver cumplida la promesa. Simeón recibió la promesa de que “no iba a morir sin ver antes al Mesías” (Lucas 2:26); sin embargo esto sucedió al final de su vida. El creyente puede reclamar las promesas que Dios le hace: “El Señor… cumplirá el deseo de los que le temen”, Salmo 145:18-19 (NBLH). Sin embargo, no se nos dice cuándo será el cumplimiento de cada promesa. Estamos seguros de que Dios escucha nuestras oraciones. No tardan en llegar al cielo, sino en volver de allá con una respuesta completa. A menudo viene un largo y duro invierno entre la siembra en oración y la cosecha en bendición. Cristo mismo no tiene todavía la respuesta plena a algunas de las oraciones que hizo en la tierra: “Jesucristo… está esperando hasta que Dios haga de sus enemigos el estrado de sus pies”, Hebreos 10:12-13 (DHH).

Sabemos que es difícil esperar después de meses de oración y noches de vigilia. Es duro para la carne. Por eso Pablo dijo: “Que el Señor les guíe… a la perseverancia con paciencia…”, 2ª Tesalonicenses 3:5 (NTV). Algunos creyentes, al igual que Saúl le ponen una fecha límite a Dios. Viven consagrados a Dios por años, pero de repente toman un atajo para tener un hijo al igual que Abraham o hacen alianzas que le cuestan un ojo de la cara como los israelitas hicieron con Nahas. Otros creyentes solo están dispuestos a esperar ‘siete días’ y si el tiempo expira sin una respuesta toman el camino de la rebeldía para iniciar su propio ministerio. El creyente impaciente trabaja independientemente de Dios. Toma el asunto en sus propias manos y dice: “no puedo seguir así en esa situación, algo tengo que hacer. No puedo estar aquí sentado haciendo nada. Dios me dio este trabajo, esta familia y este ministerio y tengo la obligación de hacer que las cosas sucedan”. Y finalmente, al igual que Saúl, hace algo que Dios no le mandó y termina en el desastre.

Dios no necesita tu ‘ayudita’ para cumplir sus promesas, solo “espera a que el SEÑOR se ocupe del asunto”, Proverbios 20:22 (NTV). No digas: “las disciplinas espirituales no funcionan”. Debes esperar con paciencia a que Dios se revele y cumpla su promesa. Pablo dijo: “Tengan paciencia… y sigan orando”, Romanos 12:12 (NTV). “Bueno es el Señor para los que esperan en él…”, Lamentaciones 3:25 (Oro). Recuerda que la humildad espera en Dios; el orgullo es independencia. Aprendamos a depender de Dios como lo hizo Jesús: “Yo no puedo hacer nada por mi propia cuenta… llevo a cabo la voluntad del que me envió y no la mía”, Juan 5:30 (NTV).

Aplicación

Probablemente la dirección para tu vida esté a punto de llegar. No dejes que la impaciencia malogre los mejores planes de Dios. ¿Cuándo llegó Samuel? “En el momento en que Saúl terminaba de celebrar el sacrificio, llegó Samuel…”, 1º Samuel 13:10 (BAD). Tan pronto como Saúl tomó el asunto en sus manos Samuel llegó. La dirección divina estaba a las puertas, a solo unos minutos, pero Saúl no supo esperar. La parte más difícil de la fe es la última media hora, poco antes de que aparezca la respuesta y Dios cumpla sus promesas.1 Es en esa última media hora donde solemos perder el milagro. Es allí donde debemos perseverar con paciencia. “Desde el principio del mundo, ningún oído ha escuchado, ni ojo ha visto a un Dios como tú, quien actúa a favor de los que esperan en él”, Isaías 64:4 (NTV). Tengamos la confianza plena de que Dios cumplirá sus promesas a la hora correcta y de la manera correcta. Si lo hacemos demostraremos nuestra fe viva en el Señor Todopoderoso.

La palabra correspondiente a este Tesoro de la semana está disponible en video y los invitamos a mirarlo:

Bibliografía:
WILKERSON, D. Exhorta a la iglesia. Editorial Vida. Florida. 1991.

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