SEMANA 7
Evidencias de un corazón transformado
- INTRODUCCIÓN
- DÍA 1: Una genuina adoración
- DÍA 2: Primero adorar, luego servir
- DÍA 3: Dueños de nada, administradores de todo
- DÍA 4: Diezmos y Ofrendas: Generosidad que Honra al Señor
- DÍA 5: Dios no acepta cualquier ofrenda
- DÍA 6: Primicias del Corazón: Honrando a Dios con lo primero y lo mejor
- DÍA 7: ¿Me amas? Apacienta mis ovejas
DIA 1 – Una genuina adoración
Te invitamos a ver este mensaje con un corazón dispuesto, entendiendo que en este tiempo es Dios quien quiere hablarte a ti, y resistiendo la tentación de pensar que este mensaje es para otra persona.
Lo que queremos lograr en este día
- Comprender qué significa adorar a Dios de una manera que le agrade y no caer en una adoración vana o rutinaria.
- Valorar la importancia de la adoración congregacional y el compromiso con la iglesia local.
- Examinar el estado del corazón y la preparación personal antes de presentarse delante de Dios.
- Desarrollar autenticidad en la adoración pública y privada, para honrar al Señor cada día con integridad.

TEXTOS CLAVE:
- «Este pueblo está cerca de mí con la boca y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí y el culto que me da es pura rutina humana», Isaías 29:13.
- «El culto que me rinden no sirve de nada… en vano me adoran», Mateo 15:9 y 9.
- «En vano me adoran». ¿Cómo adorar a Dios sin adorarlo en vano? La Biblia nos da la respuesta: «…Adoremos a Dios como a él le agrada, con temor reverente», Hebreos 12:28.

REFLEXIÓN
Te sugerimos buscar en tu biblia los diferentes versículos citados. Puedes anotar tus pensamientos y lo que Dios te revele en un cuaderno personal.
Cómo adorar a Dios sin adorarlo en vano.
Jesucristo merece toda nuestra reverencia. Recordemos que Jesús todavía está vivo. Es una verdad muy sencilla, pero necesitamos que se nos la recuerde constantemente, pues si tuviéramos consciencia de su presencia, lo respetaríamos y tendríamos mucho más cuidado al participar de los cultos de adoración.
Jesucristo es nuestra autoridad. Todo el infierno confiesa la majestad de su poder y el esplendor de su Deidad. No existe demonio, por fuerte o poderoso que sea, que no tiemble ante Él. No existe y no puede existir un caso que sea demasiado difícil para Él.
¿Es Cristo incapaz de salvar? ¿Existe alguna enfermedad tan difícil que el gran médico no pueda curar? ¡Jamás! ¿Puede Cristo ser superado por Satanás o el pecado? ¡Imposible! Él rompe los cerrojos y las puertas de hierro y pone a los cautivos en libertad.
Entonces tratemos a Dios con todo el respeto que Él se merece.
La adoración puede ser privada o colectiva.
Como la mayoría de las disciplinas espirituales, la adoración puede ser privada o colectiva.
El Nuevo Testamento menciona mucho la adoración pública: «Los creyentes se congregaban regularmente… y adoraban juntos en el templo…», Hechos 2:42 (NT BAD) y 46 (NTV). «Los discípulos… iban al templo para adorar a Dios», Lucas 24:52-53 (TLA).
La Biblia describe a la iglesia con metáforas como “rebaño” (Hechos 20:28), “cuerpo” (1ª Corintios 12:12), “templo” (Efesios 2:21) y “familia” (Efesios 2:19). Cada una de estas figuras implica una relación entre las partes individuales y con el todo.
El primer día de la semana para Dios.
Los creyentes se reunían para adorar a Dios el primer día de la semana. «En la noche de… domingo, los discípulos se reunieron… Jesús entró… y los saludó diciendo: ‘¡Qué Dios los bendiga y les dé paz!'», Juan 20:19 (TLA). «El domingo nos reunimos a celebrar un servicio de comunión, y Pablo predicó…», Hechos 20:7 (NT BAD).
El domingo, el día de la resurrección del Señor (Marcos 16:9), era también el día en que se tomaba la cena (Hechos 20:7), se diezmaba y ofrendaba: «Los domingos cada uno de ustedes aparte algo de lo que ganó durante la semana, y dedíquelo a esta ofrenda…», 1ª Corintios 16:2 (NT BAD). Con razón Juan llamó al domingo “el día del Señor”, Apocalipsis 1:10.
Cuando otras cosas ocupan el lugar de Dios.
¡Qué diferencia para la iglesia actual! Consagrar el primer día de la semana a Dios es para muchos una posibilidad cierta solamente si se combinan una serie de acontecimientos.
Primero, el clima. Mucho calor es una invitación para ir de picnic; demasiado frío es una oferta para invernar en casa, apoltronados frente a la caja de entretenimientos llamada televisión.
Otro factor es el dinero. Si hemos cobrado, el dios mamón nos llama a disfrutar el placer momentáneo que nos producen las cosas nuevas y entonces el shopping está de fiesta.
Además, no tiene que ser feriado el lunes ni haber recibido visitas, ni ser el cumpleaños del perro porque sería imperdonable no festejar con un asado tamaño acontecimiento.
¿Y qué me dices del fútbol? Solo si la AFA y la FIFA están de paro al mismo tiempo tendremos alguna chance de que los fanáticos vayan al culto.
Cualquier cosa compromete nuestra participación en la adoración congregacional.
No solo eso, como no valoramos la disciplina espiritual de adorar en comunidad, tampoco inspiramos a nuestra familia a hacerlo.
¿Traer a los niños al culto? Para algunos padres eso es tan raro como un eclipse de sol.
Pero el colmo de la displicencia la encontramos en aquellos que prefieren llevar a sus hijos a jugar a cualquier parque o mirar cómo despegan los aviones antes que traerlos a la iglesia.
El mandato de congregarse.
Sería muy bueno recordar el mandato bíblico: «No descuidemos, como algunos, el deber que tenemos de asistir a la iglesia…», Hebreos 10:25 (NT BAD).
Asistir a la iglesia no da lugar a otra interpretación más que reunirse con otros creyentes para adorar. Cuando esta carta fue escrita no había otra manera de interpretar este mandamiento.
No podemos autoconvencernos de que nos ‘reunimos’ cuando por algún medio electrónico vemos el culto desde otra parte.
La única motivación al transmitir los servicios por internet es que la palabra de Cristo sea predicada durante la semana, además de bendecir a quienes están imposibilitados de participar físicamente o a quienes viven lejos y todavía no tienen una iglesia a la que pertenecen o a quienes, teniendo una, miran los cultos en un horario y se congregan en otro.
Existe promesa de presencia divina cuando los creyentes se reúnan: «Donde están… congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos», Mateo 18:20.
Los que sustituyen la asistencia a la iglesia por participar de un culto en línea se pierden muchas bendiciones.
¡El beneficio es considerablemente menor!
Adoración pública y adoración privada.
Jesús dijo: «Adora al Señor tu Dios», Mateo 4:10 (NTV) y David expresó: «Vengan, adoremos e inclinémonos. Arrodillémonos delante del SEÑOR, nuestro creador», Salmo 95:6 (NTV).
Ahora bien, se debe adorar a Dios en público sin dejar de hacerlo en privado.
La adoración congregacional no debe sustituir la adoración secreta. Cuidado con perder el balance.
Jesús adoraba en privado, pero también participaba fielmente de la adoración en la sinagoga: «Cuando llegó a Nazaret… fue como de costumbre a la sinagoga…», Lucas 4:16 (NTV).
«¿Cómo podemos adorar a Dios en público una vez por semana cuando no nos preocupamos por adorarlo a solas durante la semana? ¿Podemos esperar que la llama de nuestra adoración a Dios arda vivamente en público en el día del Señor, cuando apenas titila por Él en secreto los demás días? ¿Será que nuestra experiencia de adoración colectiva nos deja muchas veces insatisfechos porque no buscamos satisfacer la adoración en privado?».
Tozer dijo: «Si se rehúsa a adorar a Dios siete días por semana, tampoco lo adorará en un día a la semana».
Esta es la verdadera razón por la que muchos cristianos no valoran la adoración pública: porque tampoco adoran a Dios en lo secreto durante la semana.
Nuestra adoración congregacional.
Reflexionemos juntos acerca de los cultos de adoración congregacional.
La Biblia señala: “Tributemos a Dios un culto agradable con reverencia y respeto”, Hebreos 12:28 (BLPH). Cuando cantamos u oramos debemos pensar en Dios, de lo contrario no lo estamos adorando. ¿Permanecemos atentos a lo que se dice de Dios o a lo que Dios nos está diciendo?
Alguien describió al hombre contemporáneo de la siguiente manera: «Adora su trabajo, trabaja durante sus ratos de distracción y se distrae durante la adoración”.
Así que no importa qué digamos, cantemos o hagamos, únicamente adoramos a Dios cuando Él es el centro de toda nuestra atención.
Los cultos deberían ser una fiesta para Dios.
Algo más, los cultos deberían ser una fiesta en honor al Espíritu Santo.
¿Cómo nos preparamos para una fiesta? No descuidamos ningún detalle. Ropa, peinado, regalo. Todo está cuidadosamente preparado. ¿Hacemos lo mismo para encontrarnos con Dios?
Quizás digas: “No es lo mismo ya que Dios mira el corazón”. Precisamente, ¿está tu corazón preparado?
¿Está preparado nuestro corazón?
La boca ha sido una cloaca toda la semana, nos agarramos a las piñas en la casa y echamos espumarajos de maldiciones hasta que no podemos más.
Ni qué hablar de la noche anterior al culto. Alimentamos los demonios de la lujuria y echamos a correr alcohol por sus venas hasta reventar y luego llegamos, entramos con un aire de arrogancia, a los empujones, le damos a Dios un regalo de rutina y le cantamos canciones apáticas y sin pasión.
Somos tan insensibles que podemos irnos a casa sin que nos remuerda la conciencia, convencidos de que hemos cumplido con Dios.
Ejemplos de adoración que no fue en vano.
Pensemos en algunos personajes bíblicos que adoraron y su adoración no fue en vano.
David: una adoración que tuvo costo.
David quiso construir un altar para adorar a Dios. Un hombre llamado Arauna le ofreció el lugar y la ofrenda para que lo hiciera, pero él dijo: “Yo no puedo ofrecerle a Dios algo que no me haya costado nada. Así que yo te pagaré todo lo que me des…”, 2º Samuel 24:24 (TLA).
Abraham: dispuesto a entregar lo más valioso.
Abraham entendía muy bien este principio espiritual, ya que en su adoración estuvo dispuesto a ofrecer a su único hijo: “Quédense aquí con el burro —dijo Abraham a los siervos—. El muchacho y yo seguiremos un poco más adelante. Allí adoraremos”, Génesis 22:5.
Ana: una ofrenda de amor y consagración.
Ana, la mamá de Samuel, también practicaba la ofrenda de sacrificio: “Y Ana… crió a su hijo hasta que lo destetó. Después, lo llevó con ella a la casa del Señor… He venido porque prometí dedicarlo al Señor para toda la vida. ¡Para siempre será del Señor!”. Y allí adoró al Señor”, 1º Samuel 1:23-28 (RVC).
Darle a Dios lo mejor.
La adoración de todas estas personas consistía en darle a Dios lo mejor que tenían.
¡Pero cuidado! Dar a Dios lo mejor no implica solo sacrificio económico.
¿No es un verdadero sacrificio entregarle a Dios nuestros hijos?
Ana lo hizo y Dios transformó a Samuel en una bendición para toda la nación.
Siempre que recibas una bendición de Dios devuélvesela a Él como una ofrenda de amor.
Si lo haces, Dios la transformará en una bendición para todos y más aún aumentará las bendiciones sobre tu vida.
Preguntas para pensar y actuar
Te sugerimos anotar tus pensamientos en un cuaderno personal.
- ¿Tu adoración a Dios nace del corazón o se ha convertido en una rutina religiosa?
- ¿Llegas a tiempo a los cultos dando importancia al tiempo de la alabanza y la adoración? ¿O llegas a cualquier hora sin valorar ese tiempo?
- ¿Qué cosas suelen desplazar tu participación en la adoración congregacional?
- ¿Cómo es tu vida de adoración privada durante la semana?
- ¿Te preparas para encontrarte con Dios con la misma dedicación con que te preparas para otros acontecimientos importantes?
- ¿Qué es lo mejor que puedes ofrecerle hoy a Dios como expresión de amor y adoración?

DINÁMICA SUGERIDA
Lo primero para Dios.
Materiales necesarios
- Tu biblia.
- Tu cuaderno de notas.
- Tarjetitas o trozos pequeños de papel.
- Lapicera.
- Cinco objetos personales pequeños representativos de diferentes áreas de tu vida:, celular, reloj, billetera, llaves (de tu casa, auto o moto), algo simbólico de tu profesión o trabajo, algún cuaderno de apuntes o libro de estudio, etc.
Desarrollo
- Coloca los cinco objetos sobre una mesa.
- En cada trozo de papel escribe cinco áreas importantes de tu vida (familia, trabajo, estudios, posesiones, tiempo libre, iglesia, etc.).
- Asigna un objeto a cada área.
- Ahora ordénalos físicamente según el tiempo, atención y prioridad que realmente reciben durante la semana. Piensa sin apurarte y hazlo con sinceridad; estás solo tú en presencia del Señor.
- Observa el orden final y analiza honestamente dónde quedó Dios y la adoración.
- Reorganiza los objetos colocando en primer lugar aquello que entiendes que debe ocupar el centro de tu vida según lo que vimos en este día.
Cierre
- Escribe una frase para cada objeto/área orientada a rendir adoración a Dios con ella. Procura que exprese un propósito tuyo específico de adoración.
- Lee en voz alta esa decisión concreta respecto a la adoración con cada área de tu vida, y repite esta acción durante toda la semana.
- Concluye agradeciendo a Dios por la oportunidad que tienes de revisar prioridades y comprometiéndote a reservar tiempo para la adoración privada y la congregacional.
DESAFÍO PARA ESTE DÍA
- Prioriza el día del Señor: organiza tus actividades para que la adoración congregacional sea una prioridad y no una opción secundaria.
- Busca a Dios: dedica un tiempo específico para adorar a Dios en privado.
- Prepara tu corazón: antes de ir a una reunión de adoración, examina tu actitud, pensamientos y motivaciones.
- Ofrece a Dios lo mejor: entrégale tu mejor tiempo, atención, esfuerzo y recursos.
- Influye en tu familia: anima a tu familia a participar activamente en la adoración y en la vida de la iglesia.

ORACIÓN
“Padre Santo, vengo a Tu presencia con un corazón arrepentido y te pido perdón por las veces en que hice de mi adoración un ritual acercándome a Ti de manera indiferente o distraída. Hoy entiendo que debo hacerlo con un corazón humilde y que debo ser consciente de que estoy frente al Rey de reyes y Señor de señores cuando te busco en adoración, ya sea en la adoración personal como cuando adoro junto a otros hermanos en la congregación. Sé que debo rendirme por completo para honrarte con mi adoración, no solo mi corazón, sino mi tiempo, mi dinero, mi trabajo, mi familia y ministerio; cada área de mi vida la consagro a ti, y que pueda adorarte de manera auténtica, priorizando mi tiempo contigo y dejando todo lo que pueda hacer que mi corazón esté dividido distraído. Oro con fe y con gratitud, en el Nombre de Jesús, amén y amén”.