SEMANA 7
Evidencias de un corazón transformado
- INTRODUCCIÓN
- DÍA 1: Una genuina adoración
- DÍA 2: Primero adorar, luego servir
- DÍA 3: Dueños de nada, administradores de todo
- DÍA 4: Diezmos y Ofrendas: Generosidad que Honra al Señor
- DÍA 5: Dios no acepta cualquier ofrenda
- DÍA 6: Primicias del Corazón: Honrando a Dios con lo primero y lo mejor
- DÍA 7: ¿Me amas? Apacienta mis ovejas
DIA 7 – ¿Me amas? Apacienta mis ovejas
Compartimos contigo este audio que enriquecerá esta experiencia acerca del servicio que ofreces a Dios.
Lo que queremos lograr en este día
- Comprender que el verdadero fundamento del servicio cristiano es el amor genuino a Dios.
- Identificar motivaciones incorrectas para servir, como las emociones, el interés personal o las propias fuerzas.
- Reconocer la importancia de la intimidad con Dios como fuente de un servicio duradero y fructífero.
- Renovar el compromiso de amar a Dios y a las personas antes que cualquier actividad o ministerio.

TEXTOS CLAVE:
- “Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Él le dijo: Apacienta mis corderos. Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas. Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas”, Juan 21:15-17.
- “Los que aceptan mis mandamientos y los obedecen son los que me aman. Y, porque me aman a mí, mi Padre los amará a ellos. Y yo los amaré y me daré a conocer a cada uno de ellos”, Juan 14:21 (NTV).

REFLEXIÓN
Te sugerimos buscar en tu biblia los diferentes versículos citados. Puedes anotar tus pensamientos y lo que Dios te revele en un cuaderno personal.
Si no amas no sirvas.
La expresión: “¿me amas?” está en tiempo presente y describe una acción continua. Jesús le preguntó a Pedro: “¿me estás amando?”, mientras que a la iglesia de Éfeso Jesús le dijo: “ya no me amas tanto”, Apocalipsis 2:4 (TLA).
Donde no hay amor no hay intimidad: “Los que aceptan mis mandamientos y los obedecen son los que me aman. Y, porque me aman a mí, mi Padre los amará a ellos. Y yo los amaré y me daré a conocer a cada uno de ellos”, Juan 14:21 (NTV); y donde no hay intimidad no hay conocimiento: “El que no ama no conoce a Dios…”, 1ª Juan 4:8 (NTV).
El fundamento de todo es el amor a Dios. Por eso Jesús dijo: “El mandamiento más importante es… Amarás al SEÑOR tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas”, Marcos 12:29 (NTV).
La motivación correcta para servir.
El servicio a Dios tiene que ir acompañado de una genuina motivación, de lo contrario, no permanecerá en el tiempo. La motivación es aquello que nos lleva a servir y lo que alimenta constantemente nuestro deseo de seguir haciéndolo.
Veamos de cerca el caso de Pedro: “Simón, Simón, mira que Satanás ha pedido zarandearlos a ustedes como si fueran trigo. Pero yo he orado por ti, para que no falle tu fe… —Señor —respondió Pedro—, estoy dispuesto a ir contigo tanto a la cárcel como a la muerte. —Pedro, te digo que hoy mismo, antes de que cante el gallo, tres veces negarás que me conoces… Pedro lo negó”, Lucas 22:31-34; 57 (NVI).
Es evidente que Pedro quería servir a Jesús; pero, ¿cuál era su motivación que no pudo mantener su decisión unas pocas horas?
Pedro quería servir al Señor inspirado por los bellos momentos pasados con Jesús. Pedro servía al Señor motivado por sus emociones.
¿Cómo lo sabemos? Imaginemos por un momento. Habían celebrado la pascua recordando la liberación de Egipto. Después de bendecir los alimentos Jesús dijo cosas que Pedro no comprendió muy bien pero, ¡qué grato era escuchar al Maestro! Incluso Jesús les había lavado los pies a cada uno de ellos dándoles una enseñanza acerca del servicio. Como si fuera poco, Mateo nos cuenta que cantaron juntos un salmo. Pedro estaba ‘embalado’. ¡Qué sublimes sucesos! ¡Qué emoción! Y fue en ese contexto de euforia emocional que Pedro tomó la decisión de que jamás abandonaría al Señor.
¿Quién alguna vez no se sintió así de motivado y tomó una decisión de este tipo? Un mensaje desafiante, un campamento de ‘alto voltaje emocional’ o un congreso que nos hizo proclamar: “Señor haz de mí lo que quieras”, “heme aquí, envíame a mí”, y tantas otras cosas por el estilo. ¿Y cuánto duró esa decisión? ¡Lo que dura un suspiro! Por eso es peligroso ser guiado por las emociones. No podemos condenarnos por decisiones emotivas, pero no son suficientes para servir con toda nuestra vida al Señor.
El peligro de servir en nuestras fuerzas.
Pedro también servía a Dios en sus propias fuerzas. Él estaba seguro de sí mismo, de otra manera no podría haber dicho: “Aunque todos te abandonen yo jamás te abandonaré”, Mateo 26:33 (NTV).
El mismo que prometió no abandonar a Jesús no pudo permanecer despierto en el huerto por más de una hora, Mateo 26:40.
¡Pobre Pedro! Tuvo que pasar por la experiencia de la negación para darse cuenta de que sus fuerzas y sus ganas de sobresalir no eran suficientes motivos para servir al Señor.
Juan 21:2-3 nos cuenta que Pedro volvió a su antiguo oficio. Y hasta allí fue Jesús para darle una nueva oportunidad y una genuina motivación para servirlo.
El amor: la verdadera motivación.
La verdadera motivación para el servicio es el amor. Sí, el amor al Señor. Jesús le preguntó a Pedro tres veces si lo amaba, una por cada negación. Y cuando el Señor estuvo seguro de que Pedro entendía por fin que era el amor lo único que debía movilizarlo al servicio, entonces, recién entonces, le dijo: “sírveme”. En otras palabras, “si me amas, sírveme” o lo que sería lo mismo: “si no me amas, no me sirvas”.
Servimos a quien amamos. Cuando dejamos de amar el servicio corre peligro.
¿Por qué nunca dejamos de servir a nuestros hijos? Porque los amamos. Es cierto que es posible servir a quien no se ama, pero ese servicio está condicionado. Tú puedes trabajar para un jefe a quien sirves solamente por interés económico. Sin embargo, tu servicio se terminará en cuanto consigas un trabajo con una mejor remuneración.
Tarde o temprano uno deja de servir a quien no ama. Seguramente has conocido a personas que en un determinado momento de sus vidas sirvieron a Dios con mucho entusiasmo pero ahora ni siquiera concurren a la iglesia. Eso prueba lo poco que amaban a Dios.
Cuando la actividad reemplaza la presencia.
Nos amamos mucho más a nosotros mismos que lo que amamos a Dios. Piénsalo de esta manera. Las cosas que se hacen en las iglesias generalmente son para comodidad de la gente, no para darle placer a Dios. Compramos el mejor sonido, acolchamos los asientos y acondicionamos el auditorio para que estemos cada vez más cómodos. Pero de todo eso lo único que se lleva Dios es la adoración.
Hay algo todavía más importante. Las personas pueden sentirse seducidas por majestuosos templos, amplias comodidades e ‘irresistibles’ programas, pero sólo permanecerán si hay presencia de Dios. Y eso parece estar faltando porque los hambrientos están buscando a Dios en cualquier lugar menos en la iglesia.
Durante muchos años creímos que el crecimiento de la iglesia tenía que ver con edificios que dejaran boquiabierta a la gente o con programas atractivos que arrancaran a las personas de sus pecados para acercarlas a Dios.
Hoy tenemos la certeza de que sin Dios eso no sucederá. Lo que necesitamos es su presencia; no edificios más bonitos o programas más irresistibles. Lo necesitamos a Él. El palacio sin el rey, el consultorio sin el médico y el templo sin Dios no sirven. Sin embargo, eso es lo que encontramos en miles de iglesias: nada. ¡Sin Dios no hay nada! Sin Dios sólo hay recuerdos de viejas glorias y de avivamientos pasados. ¡Qué patético!
Ya no amamos a Dios como antes: “Ya no me amas tanto como me amabas” (Apocalipsis 2:4, TLA) es la queja del Señor también en este tiempo.
¿Por qué no amamos a Dios? Porque no pasamos tiempo con Él. Ya no estamos hambrientos de su presencia. Satisfacemos nuestras vidas y llenamos nuestros vacíos con cualquier cosa de este mundo. Algunos incluso no pasan tiempo con Él porque estamos haciendo cosas para Él. La actividad se ha convertido en un obstáculo en nuestra comunión con Dios. Los programas eclesiásticos están sustituyendo los encuentros íntimos con el Señor. Le damos mayor importancia al servicio y al culto que a la intimidad. Nos conformamos con las señales y no anhelamos su presencia. Y eso no puede ser.
David podía vivir sin la bendición de Dios, pero no podía vivir sin su presencia: “Señor, busco conversar contigo y aquí estoy para adorarte con todo mi corazón. No te alejes de mí, no ignores a tu servidor. Dios mío… ¡No me dejes solo, no me abandones!”, Salmo 27:8-9 (PDT).
Busca su presencia.
No dejes que el servicio sustituya tu comunión con Dios. No te dejes seducir por el aplauso de las multitudes procurando una popularidad a cualquier precio. No seas un adicto a la aprobación de la gente. Busca la ‘fama’, pero sólo en el cielo; busca la aprobación, pero sólo la que viene de Dios.
Los discípulos que iban a Emaús representan un ejemplo. Aunque no reconocieron que quien caminaba con ellos era el mismo Jesús, con todo, le rogaron insistentemente: “Quédate con nosotros” y la Biblia dice que Jesús “se quedó con ellos”, Lucas 24:29 (Biblia de Jerusalén).
Tiene que llegar el momento en que desesperemos por su presencia. Basta ya de encuentros esporádicos, queremos su habitación permanente y ese día está cada vez más cerca: “Como dijo Dios: Viviré en ellos y caminaré entre ellos. Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo”, 2ª Corintios 6:16 (NTV).
Amar a Dios y amar a las personas.
No amamos a Dios y tampoco amamos a la gente.
“Cuiden ustedes de las personas que Dios dejó a su cargo, pues ellas pertenecen a Dios”, 1ª Pedro 5:2a (BLS).
Hay líderes que dicen: “esas son mis ovejas”. San Agustín dijo: “¡Qué dices! ¿Mis ovejas? Si decimos mis ovejas Cristo perdió las suyas y terminamos hurtando lo que le pertenece a Dios”.
No le robes las ovejas al Señor, no son tuyas, tampoco mías, SON DE DIOS.
Conclusión
¡Ámalas, cuídalas y sírvelas motivado únicamente por el amor genuino a tu Salvador y Señor!
Preguntas para pensar y actuar
Te sugerimos anotar tus pensamientos en un cuaderno personal.
- ¿Cuál es la principal motivación por la que sirvo a Dios actualmente?
- ¿Mi servicio nace del amor a Dios o de la costumbre, la emoción o la responsabilidad?
- ¿Estoy dedicando tiempo a la presencia de Dios o sólo a actividades para Dios?
- ¿Qué lugar ocupa la intimidad con Dios dentro de mi vida diaria?
- ¿Cómo trato y sirvo a las personas que Dios ha puesto a mi cuidado?

DINÁMICA SUGERIDA
El Balde Vacío.
Materiales necesarios
- Etiquetas o papeles pequeños para escribir rótulos.
- Marcador.
- Cinta para pegar los rótulos.
- Un balde o recipiente grande.
- Un vaso mediano.
- Una o dos botellas con agua.
- Varias tazas, vasos descartables o recipientes pequeños vacíos.
Desarrollo
- Escribe una etiqueta que diga “Yo” y pégala en el balde. Colócalo sobre la mesa.
- Coloca alrededor las tazas o recipientes pequeños vacíos.
- Cada taza vacía representará a las personas, tareas y responsabilidades que tienes en las diferentes áreas de servicio que realizas.
- En la botella coloca una etiqueta que diga “Amor de Dios”.
- Toma el vaso mediano e intenta llenar las tazas usando únicamente el contenido del balde vacío. Es evidente que no podrás hacerlo ya que no contiene nada.
- Ahora toma las botellas con agua y llena primero el balde.
- Una vez lleno, usa el vaso mediano para llenar todas las tazas que puedas.
- Reflexiona por unos minutos:
- Un balde vacío no puede llenar nada.
- Del mismo modo, si no alimentas una relación de amor con Dios en intimidad, no podrás servir correctamente, sino solo por tus intereses egoístas, en tus propias fuerzas y con tus propios recursos.
- Si el amor de Dios llena tu corazón, servirás de manera excelente para Dios, ya que el servicio sincero es simplemente el desborde de lo que primero recibes de Él.
Cierre
- Lee nuevamente Juan 21:15-17 “Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Él le dijo: Apacienta mis corderos. Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas. Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas”.
- Piensa: Jesús no le preguntó a Pedro: «¿Me servirás?». Lo que primero le preguntó es: «¿Me amas?», porque el amor entre Dios y tú es el balde lleno, y el servicio es el agua que se derrama sobre otros.
- Repite en voz alta: «No sirvo para que Dios me ame; sirvo porque Dios me ama y porque yo lo amo a Él. No puedo servir genuinamente a Dios ni a otros si primero no recibo de Su amor”.
DESAFÍO PARA ESTE DÍA
- Dedica cada día un tiempo específico para buscar la presencia de Dios.
- Antes de servir en cualquier tarea, pregúntate: “¿Es lo que Dios me está pidiendo en este momento?” ¿Lo hago por amor a Jesús?”
- Lee diariamente un pasaje de los Evangelios enfocándote en conocer más a Cristo.
- Realiza un acto de servicio hacia una persona sin esperar reconocimiento.
- Ora cada día para que Dios aumente tu amor por Él y por las personas.

ORACIÓN
“Señor, Padre Santo, hoy vengo delante de Ti con un corazón humilde a decirte que anhelo que mi servicio siempre nazca de mi amor por Ti y no de mis emociones, de mis fuerzas o de mis intereses. Comprendo que de nada sirve el servicio que pueda ofrecerte si no alimento en primer lugar una relación de intimidad creciente contigo. No voy a dejarme guiar por mis emociones, capacidades o talentos, sino que mi servicio a Ti y a otros surgirá de mi amor por Ti y por las almas. Deseo que mi servicio sea un reflejo de Tu amor por mí, y que sea genuino y fructífero. Oro en el Nombre de Jesús, amén y amén”.
Con el fin de que puedas continuar profundizando acerca de ///, te invitamos a ver este mensaje que será de mucha bendición para tu vida.