SEMANA 7
Evidencias de un corazón transformado
- INTRODUCCIÓN
- DÍA 1: Una genuina adoración
- DÍA 2: Primero adorar, luego servir
- DÍA 3: Dueños de nada, administradores de todo
- DÍA 4: Diezmos y Ofrendas: Generosidad que Honra al Señor
- DÍA 5: Dios no acepta cualquier ofrenda
- DÍA 6: Primicias del Corazón: Honrando a Dios con lo primero y lo mejor
- DÍA 7: ¿Me amas? Apacienta mis ovejas
DIA 6 – Primicias del Corazón: Honrando a Dios con lo primero y lo mejor
Lo que queremos lograr en este día
- Comprender el significado bíblico de las primicias como una expresión de honra, adoración y gratitud hacia Dios.
- Reconocer que Dios merece lo primero y lo mejor de nuestra vida, nuestro tiempo, nuestros talentos y nuestros recursos.
- Desarrollar una fe práctica que confíe en Dios como proveedor antes de ver los resultados o la cosecha.
- Aprender a establecer prioridades correctas, colocando a Dios en primer lugar en todas las áreas de la vida.

TEXTOS CLAVE:
- “… Lleva a la casa del SEÑOR… lo mejor de la primera cosecha… deberán ir para adorarlo, llevando las ofrendas… de primicias”, Éxodo 23:19 (NTV) y Deuteronomio 12:5-6 (TLA, RV60).
- “Coloca las primicias ante el SEÑOR… y póstrate ante él en adoración”, Deuteronomio 26:10 (NTV).
- “Honra al Señor… con lo mejor de todo lo que produces… con las primicias de todas tus ganancias”, Proverbios 3:9 (NTV; Jer. 2001).
- “Si las primicias son santas, también lo es la masa restante”, Romanos 11:16.

REFLEXIÓN
Te sugerimos buscar en tu biblia los diferentes versículos citados. Puedes anotar tus pensamientos y lo que Dios te revele en un cuaderno personal.
¿Es bíblico dar las primicias?
El que da primicias honra a Dios. Pero cuidado, ¡no hay honra si lo que le damos a Dios no es lo mejor de lo primero! “Deben traer a mi templo lo mejor de los primeros frutos…”, Éxodo 34:26 (TLA); 23:19.
Si en nuestra ofrenda no está incluida nuestra vida, el altar no la recibe y tampoco la bendice. Esa es la razón por la que: ¡antes que nuestro dinero Dios quiere nuestro corazón! ¡Si nuestro corazón está lejos de Dios la ofrenda es una burla y no vale más que un suspiro!
Un principio anterior a la Ley.
Este principio de honra y adoración fue practicado mucho antes de que la ley fuera promulgada.
Abel recibió aplausos del cielo porque le ofreció a Dios “lo mejor de las primeras crías…” (Génesis 4:4, NTV), a diferencia de Caín, quien entregó su ofrenda “andando el tiempo” (Génesis 4:3); es decir, cuando creyó tener lo suficiente como para darle algo a Dios.
Muchas personas siguen su ejemplo. Se aseguran financieramente para luego dar, pero en las primicias damos con fe antes de levantar la cosecha.
Noé ofreció primicias cuando, al descender del arca, edificó un altar para Dios, Génesis 8:20.
Cuando Abraham volvió victorioso de la guerra le entregó a Dios los diezmos (Génesis 14:20) y luego consagró al hijo de la promesa. Dio el primero cuando solo tenía uno para dar.
Y Dios hizo lo mismo. Entregó lo mejor cuando dio a Jesús y lo hizo con la fe de que un día entregaríamos nuestras vidas a Él. El regalo de su Hijo vino antes de nuestra salvación.
Nosotros damos las primicias antes de ver la bendición. Honramos a Dios confiando que siempre será nuestro proveedor.
Entonces, si realmente hemos de honrar a Dios no será dándole lo que nos sobra y mucho menos cuando queramos: “No dilatarás la primicia de tu cosecha… no esperes hasta más adelante”, Éxodo 22:29 (OSO, PDT).
Un acto de gratitud y de fe.
Dar las primicias es un acto de gratitud. “El Señor nos sacó de Egipto… y nos dio esta tierra… Por eso…, en gratitud, le traigo los primeros frutos…”, Deuteronomio 26:8-10 (NTV, TLA).
Las primicias nos permiten recordar de dónde nos sacó el Señor y qué fiel ha sido con nosotros; pero además, es un acto de fe que expresa nuestra confianza de que seguirá siendo nuestro proveedor.
Cuando Israel consagró Jericó, Dios los bendijo con 33 ciudades más. Cuando Ana le ofreció su primer hijo, Dios la recompensó con otros cinco, 1º Samuel 2:21.
La extraordinaria prosperidad de Salomón fue el resultado de pensar primero en Dios y en su obra, 1º Reyes 3:11-13.
¡La bendición llega cuando Dios recibe de nosotros lo mejor de lo primero!
El peligro de no dar las primicias.
Ahora bien, así como dar las primicias honra a Dios, el no hacerlo lo deshonra. Los que deshonraron a Dios quedándose con las primicias del pueblo fueron los hijos de Elí.
Dios dijo: “Se quedan con lo mejor de las ofrendas que el pueblo me trae” (1º Samuel 2:29, TLA), y el juicio cayó sobre ellos.
¿Recuerdas la razón por la que Jesús maldijo la higuera? Porque no tenía frutos, aunque la Biblia dice que “no era tiempo de higos”, Marcos 11:13. ¿Por qué maldecirla entonces? Porque no dio primicias. La higuera tiene dos tipos de frutos. En la primavera produce ‘brevas’; primeros frutos o ‘primicias’. Luego, en el verano, da los higos. Jesús sabía que la planta no daría frutos porque no había dado brevas. Sin primicias no habría frutos. Por eso la maldijo.
¡Qué maravilloso y aterrador ejemplo nos deja el Señor acerca de los que solo tienen hojas en su vida y no tienen primicias!
¿Cuánto debemos dar?
La Biblia no dice qué cantidad de primicias tenían que dar los israelitas; eso sí, ¡debía ser lo mejor al inicio de cada temporada de cosecha y los mejores primogénitos del ganado!
Hoy nuestra ‘cosecha’ proviene del trabajo, o alguna otra fuente de ingreso.
Y, como el mes de enero es ‘el inicio de una nueva temporada de cosechas’, nosotros celebramos primicias el primer domingo de ese mes.
La Biblia deja a consideración del dador la cantidad; algunos dan la primera quincena o el primer mes del año; otros, dan las primeras ventas.
Por supuesto, no hace falta esperar hasta principios de año; si tenemos un nuevo ingreso deberíamos apartar lo mejor lo antes posible y llevárselo al Señor.
Dios en primer lugar.
El corazón de las primicias es poner a Dios en primer lugar dando con un espíritu de generosidad y adoración. “Coloca las primicias ante el SEÑOR… y póstrate ante él en adoración”, Deuteronomio 26:10 (NTV). ¡Lo primero y lo mejor debe ser siempre para Dios!
Por lo tanto, cuando llegamos tarde al culto no le damos a Dios lo primero. De igual forma cuando no apartamos el primer día de la semana para congregarnos.
Ahora bien, cuando damos las primicias todo el resto queda bendecido. “Si las primicias son santas, también lo es la masa restante”, Romanos 11:16.
Si le damos a Dios lo primero, ya sea en el día, en la semana o en el año, el resto quedará santificado. Si damos a Dios lo primero de nuestras ganancias, el resto quedará consagrado.
¿Lo ves? ¡Las primicias garantizan la bendición sobre el resto!
No es cuestión de provisión sino de prioridad. Si alguien dice: “es que no veo la provisión de Dios” lo más probable es que no tenga en claro sus prioridades.
Todo es cuestión de orden. Si honramos a Dios con lo primero y con lo mejor, nunca padeceremos necesidad.
¡Primero lo primero; primero Dios!
Primicias, diezmos y ofrendas.
Primicias no es diezmo ni son ofrendas. “Dios elegirá un lugar para vivir entre ustedes, y allá deberán ir para adorarlo, llevando las ofrendas… los diezmos… y las primicias”, Deuteronomio 12:5-6 (TLA, RV60); 12:17; 2º Crónicas 31:5, 12; Nehemías 12:44.
Damos diezmos y ofrendas de la ‘cosecha’ que ya hemos recibido; ¡agradecemos y honramos a Dios por lo que ya nos dio! En cambio, las primicias son una ofrenda de fe, al inicio de una temporada, antes de levantar la cosecha. Es de fe porque no sabemos cómo serán las cosechas en el año.
Abel entregó el primer animal del rebaño sin saber cuántas crías tendría después. Fue una ofrenda de fe que Dios recibió de buen agrado.
Ahora bien, el principio de las primicias y del diezmo es el mismo: lo primero para Dios.
En el diezmo le damos a Dios el primer 10% de lo que hemos recibido para que Dios santifique y bendiga el 90% restante. El diezmo es el primer monto asignado de nuestro presupuesto. Y las primicias es darle a Dios lo primero y lo mejor al inicio de la temporada para que Dios multiplique el resto de las cosechas.
Quiere decir que nuestro primer plan en el año es honrar a Dios. Cuando le demostramos a Dios que Él es el primero dándole lo primero de todo, la bendición es el resultado: “Honra al Señor… con las primicias… entonces tus graneros estarán llenos en abundancia… se llenarán a reventar…”, Proverbios 3:9-10 (NBLH, DHH).
La Biblia dice que “gracias a las primicias vendrá la bendición…”, Ezequiel 44:30 (BLA).
¡Todo es cuestión de orden, lo que se haga con lo primero determina lo que pasará con el resto!
¡Si Dios tiene lo primero, todo lo demás estará bendecido!
Las bendiciones de honrar a Dios con las primicias.
La decisión de honrar a Dios con las primicias atrae grandes bendiciones:
1) Bendiciones físicas
“Busquen primero el reino de Dios… y… Dios les dará… todo lo que necesiten…”, Mateo 6:33 (BDA2010, TLA).
Si priorizamos el reino de Dios y el hacer su voluntad, todas nuestras necesidades serán suplidas. Observa que el énfasis de Jesús está en la palabra “primero”.
Jesús siempre exige lo primero de aquellos que quieran seguirlo. Cristo debe ocupar el primer lugar en nuestras vidas, todos y todo lo demás viene después.
Jesús dijo que el primer mandamiento es: “Amarás al SEÑOR tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas”, Marcos 12:30 (NTV).
No alcanza con amar a Dios si no lo hacemos con todo lo que somos y con todo lo que tenemos.
¡Nadie jamás sacrificó algo por la causa de Cristo y terminó perdiendo!
2) Bendiciones eternas
Pedro dijo: “Nosotros hemos dejado todo para seguirte”, Marcos 10:28 (NTV).
Y Jesús le dijo:
“… Les aseguro que todo el que haya dejado casa o hermanos o hermanas o madre o padre o hijos o bienes… por seguirme y por anunciar las buenas noticias, recibirá su premio… recibirá en esta vida cien veces más…. Y cuando muera, vivirá con Dios para siempre”, Marcos 10:29-30 (NTV; TLA).
Observa el poder de las primicias. El que coloca a Dios en el primer lugar de su vida “recibirá en esta vida cien veces más”, Marcos 10:30 (TLA).
Pedro le dijo a Jesús que lo habían dejado “todo” para seguirlo, Marcos 10:28.
Y Jesús definió “todo” como casas, tierras y parientes cercanos; es decir, las posesiones más preciosas para las personas.
Este fue el sacrificio que el joven rico no quiso hacer.
Los bienes materiales, juntamente con las relaciones más cercanas, no pueden tener la prioridad. Deben ser sacrificadas por causa de Cristo y su evangelio para entrar en el reino de Dios.
Pero lo que más importa es la “vida eterna”, Marcos 10:30.
Esta vida física es temporal y pasajera (2ª Corintios 4:16); la eterna no tiene fin, Mateo 25:46.
En definitiva, ¡todo aquel que se convierte a sí mismo en una ofrenda para Dios tiene la promesa no solo de cosas buenas en esta tierra sino también en la vida venidera!
3) Bendiciones familiares
“Las primicias de todos los primeros frutos… para que la bendición descienda sobre la casa de ustedes”, Ezequiel 44:30 (LBLA, BNP).
“…Desde que comenzaron a traer las ofrendas (“muchas primicias”, versículo 5) a la casa de Jehová… Jehová ha bendecido su pueblo…”, 2º Crónicas 31:10.
¡Todo es cuestión de orden, lo que se haga con lo primero determina lo que pasará con el resto!
¡Si Dios tiene lo primero, todo lo demás estará bendecido!
4) Bendiciones espirituales
Las primicias se presentaban para aceptación.
“…Traerán al sacerdote una gavilla de las primicias de su cosecha. Y él mecerá la gavilla delante del SEÑOR, a fin de que ustedes sean aceptados… para alcanzar su favor…”, Levíticos 23:10-11 (NBLH; BJ76).
La palabra aceptado significa: ¡ser visto con respeto!
¡El que honra a Dios con sus primicias vivirá con el respeto y el favor de Dios!
Y cuando tenemos su favor, también tenemos acceso a su presencia y bendiciones.
¡Aceptados por Dios, mirados con respeto y bendecidos con su favor!
¡Qué extravagante gracia y exultante prosperidad acarrea el honrar a Dios mediante las primicias!
Formas prácticas de poner a Dios en primer lugar
• Darle a Dios nuestro primer pensamiento. Agradecer a Dios por el nuevo día antes de levantarnos es una forma muy práctica de dar primicias.
• Apartar el primer tiempo en la mañana para cultivar la amistad con Dios. Esta disciplina nos ayuda a centrarnos primero en Dios, lo que nos permite estar en sintonía con su guía a lo largo de todo el día.
• Ofrecer nuestras habilidades y talentos para la edificación de la iglesia y la extensión de su reino.
• Honrar el día del Señor tomando tiempo para la adoración congregacional.
• Extraer la primera porción de nuestros ingresos como ofrenda a Dios en adoración y señal de gratitud, manifestando confianza para nuestra provisión futura.
• Darle a Dios del primer ingreso del año.
¡Las primicias garantizan la bendición sobre el resto!
“Si las primicias son santas, también lo es la masa restante”, Romanos 11:16.
Si le damos a Dios lo primero, ya sea en el día, la semana o el año, el resto quedará santificado.
No es cuestión de provisión sino de prioridad.
Si honramos a Dios con lo primero y lo mejor, nunca padeceremos necesidad.
¡El que honra a Dios con sus primicias vivirá con el respeto y el favor de Dios! Y cuando tienes favor de Dios también tienes acceso a su presencia y a sus bendiciones.
¡Aceptados por Dios, mirados con respeto y bendecidos con su favor!
¡Qué bendición tan sublime acarrea el honrar a Dios mediante las primicias!
Las primicias no comienzan necesariamente con una ofrenda económica. Comienzan cuando decidimos darle a Dios lo primero de nuestro tiempo, atención y corazón. Lo que recibe nuestros primeros minutos suele revelar nuestras verdaderas prioridades.
Preguntas para pensar y actuar
Te sugerimos anotar tus pensamientos en un cuaderno personal.
- ¿Qué significa para ti honrar a Dios con lo primero y lo mejor?
- ¿Estás dándole a Dios lo primero y lo mejor, o solamente lo que te sobra?
- ¿Qué lugar ocupa realmente Dios en tus prioridades diarias?
- ¿En qué áreas de tu vida necesitas comenzar a practicar el principio de las primicias?
- ¿Qué te impide confiar plenamente en Dios como tu proveedor?
- ¿Cómo puedes honrar a Dios de manera más intencional con tu tiempo, talentos y recursos?

DINÁMICA SUGERIDA
Lo primero es para Dios.
Materiales necesarios
- Tu cuaderno de notas.
- Lapicera.
- Celular con cronómetro.
Desarrollo
- Busca un lugar tranquilo y coloca el cronómetro en 15 o más minutos.
- Durante ese tiempo no utilices redes sociales, mensajes, música ni ninguna otra distracción.
- Divide la hoja en cinco secciones y escribe los siguientes títulos (puedes agregar otros). Luego, debajo de cada título responde brevemente:
Mi tiempo: ¿Qué puedo hacer para que Dios reciba los primeros minutos de cada mañana? (despertarme 15 o más minutos antes; no agarrar el celular ni bien me levanto; hacer una oración de agradecimiento por la vida y el nuevo día antes de salir de mi cuarto; no hablar con ninguna persona antes de hablar con Dios, etc.).
Mis talentos: ¿Qué habilidad o capacidad me ha dado Dios que no estoy usando o que podría usar más para servirle?
Mis recursos: ¿Cómo puedo honrar a Dios con lo primero de mis ingresos y de mis posesiones?
Mis sueños: ¿Qué meta o proyecto necesito poner primero en las manos de Dios antes de intentar alcanzarla por mi cuenta?
Mi vida: ¿Qué área de las anteriores todavía no está en mi vida completamente rendida en primer lugar al Señor?
- Cuando termines, dibuja una corona
en la parte superior de la hoja y escribe debajo:
“Dios ocupa el primer lugar en mi vida”.
Cierre
- Dedica unos minutos a orar presentándole al Señor cada una de las áreas que escribiste.
- Lee en voz alta: «Honra al Señor… con lo mejor de todo lo que produces… con las primicias de todas tus ganancias», Proverbios 3:9.
- Luego escribe por cada área una acción concreta que realizarás esta semana para poner a Dios primero de manera práctica.
DESAFÍO PARA ESTE DÍA
- Comienza la mañana agradeciendo a Dios antes de hacer cualquier otra actividad.
- Aparta un tiempo específico para buscar a Dios en oración y lectura bíblica.
- Identifica una área donde Dios no ocupa el primer lugar y toma una decisión concreta para cambiarla.
- Planifica una manera práctica de honrar a Dios con tus recursos hoy y durante este mes.
- Participa de la reunión congregacional sin distraerte, dando a Dios lo mejor de tu tiempo, atención y disposición.

ORACIÓN
“Padre Santo, gracias por tu palabra. Tú mereces lo primero y lo mejor de mi vida, de mi tiempo, de mis dones y de mis recursos. Sé que Tú eres mi proveedor y que nada me faltará mientras yo camino obedeciéndote al darte las primicias de todo lo que tengo y todo lo que soy. Te pido perdón por las veces en que he decidido actuar de manera independiente y con arrogancia delante de Ti, creyendo que soy autosuficiente y que puedo hacer con mi vida y mis posesiones lo que yo quiera. ¡Perdóname Señor! Quiero ofrecerte siempre lo mejor y rendir por completo mi vida a Ti. Dame sabiduría para ordenar mis prioridades colocándote a Ti en primer lugar de cada área de mi vida. Oro en el Nombre de Jesús, amén y amén”.