SEMANA 6
Sumergiéndonos en las profundidades de Dios
INTRODUCCIÓN
La oración en unidad.
“Cuando llegaron… subieron al aposento alto… Todos se reunían… unidos en oración…”, Hechos 1:13 (RVC) y 14 (NTV). “Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos juntos (unánimes) en un mismo lugar”, Hechos 2:1 (NBLH).
Dios obra en respuesta a la oración en unidad. Cuando Dios tiene la intención de bendecir a sus hijos, lo primero que hace es llevarlos a la oración. La venida del Espíritu Santo sobre Cornelio y su familia fue respuesta a las oraciones. El ángel le dijo: “Dios ha escuchado tus oraciones”, Hechos 10:4 (NTV).
El descenso del Espíritu Santo en Pentecostés fue el resultado de una reunión de oración. El segundo gran derramamiento del Espíritu Santo que registra la Biblia fue consecuencia de la oración: “…Todos juntos alzaron sus voces en oración a Dios… Después de esta oración… todos fueron llenos del Espíritu Santo…”, Hechos 4:23-31 (NTV).
Si algo va a suceder en tu vida no será durante la jornada de trabajo o en una reunión de amigos, será en el aposento alto o como resultado de lo que suceda allí adentro.
Algunas bendiciones llegan como respuestas a oraciones que hacemos en privado, pero otras son el resultado de oraciones colectivas: bendiciones familiares como respuestas a oraciones familiares. Si orar en unidad no provocara resultados extraordinarios entonces no encontraríamos tanta resistencia. Orar, y orar en unidad, son dos verdaderos milagros.
El desierto y la comunión con Dios.
Por otro lado, “Jesús… fue llevado por el Espíritu al desierto”, Lucas 4:1. “Y Jesús volvió en el poder del Espíritu”, Lucas 4:14.
Jesús comenzó su ministerio público después de estar con Dios en el desierto (Lucas 4:14). Fue allí donde venció a Satanás (Mateo 4:1-11).
Después del retiro, Jesús eligió a sus discípulos. Su primer propósito fue establecer una relación de amor con ellos: “Llamó a sí a los que él quiso; y vinieron a él. Y estableció a doce, para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar”, Marcos 3:13-14.
Lee detenidamente Lucas 5:15: “Pero su fama se extendía más y más; y se reunía mucha gente para oírle, y para que les sanase de sus enfermedades”. Este versículo tiene que ver con su ministerio público.
Ahora lee cuidadosamente el versículo siguiente: “Mas él se apartaba a lugares desiertos, y oraba”, Lucas 5:16. Este versículo hace referencia a su ministerio privado.
¿Te das cuenta? Su comunión con Dios el Padre (ministerio privado) crecía en la misma proporción que su ministerio público. ¡La relación con Dios es el secreto de una vida exitosa!
El quebrantamiento y el trato de Dios.
Asimismo, Dios a menudo utiliza el sufrimiento para llamar nuestra atención: un accidente, una enfermedad o una crisis podrían ser un claro llamado del Señor; siempre y cuando nos acerque a Él. En estos casos, “tocar fondo” se transformaría en una gran bendición. Y aun cuando el Señor, a causa de nuestra terquedad, nos trate con “mano fuerte”, lo hará anhelando nuestro bien.
Dios puede usar cualquier circunstancia para quebrantarnos, pero sería mejor que espontáneamente cediéramos el control de nuestra vida a su señorío. No tenemos que sentir algo especial para humillarnos. Debemos humillarnos por decisión y convicción, y para la honra del Señor.
Las circunstancias por sí solas no tienen la capacidad de cambiar nuestro corazón, pero sí son usadas para revelarlo. Una pérdida, dificultad, traición, frustración o enfermedad puede acercarnos o alejarnos de Dios. Todo depende de nuestro corazón.
Si nos despierta a una mayor vida espiritual y nos mueve a mirar las cosas eternas, entonces termina siendo una bendición.
Objetivos de la semana
- Comprender la importancia de la oración en unidad y cómo Dios responde cuando su pueblo se reúne unánime delante de Él.
- Desarrollar una vida de intimidad con Dios, aprendiendo a buscar tiempos de retiro y comunión personal con el Señor.
- Reconocer que el quebrantamiento y las circunstancias difíciles pueden ser instrumentos que Dios usa para acercarnos más a Él.
- Reflexionar sobre el estado de nuestro corazón, permitiendo que Dios revele aquello que necesita ser rendido y transformado.
- Decidir voluntariamente rendir el control de nuestra vida al señorío de Cristo en clamor y súplica, creciendo en humildad, dependencia y obediencia.